La esperanza de las primeras vacunas

Todos necesitamos recibir buenas noticias en relación con la Covid-19, y ahora parece que se empieza a ver una pequeña luz al final del túnel, en forma de las tan deseadas vacunas contra el SRAS-CoV-2. De momento contamos con los resultados preliminares, a mitad de la Fase III de los ensayos clínicos, y parece que son especialmente prometedores. Por una parte, la vacuna de Pfizer que nos acredita una eficacia del 90%, aunque necesita una conservación de -80 C, lo que realmente puede dificultar su traslado a los centros sanitarios y la llegada final a la población, aunque seguro que la propia industria ya tendrá preparada la solución definitiva para la logística necesaria. Por otra parte, la vacuna de Moderna, también con resultados preliminares de la Fase III, nos asegura una eficacia del 94% y que al parecer será más fácil de distribuir dentro de la logística necesaria, porque se puede conservar a -20 C, e incluso en un frigorífico al uso durante 5 días. Es importante destacar que a pesar de ser dos vacunas que utilizan la técnica de la sintetización genética, tecnología basada en el ARN mensajero para estimular la formación de los anticuerpos necesarios, también está demostrada su seguridad y sus pocos efectos secundarios, lo que unido a su eficacia, impensable en marzo, hace que se abra una verdadera puerta a la esperanza en la lucha contra esta cruel enfermedad.

Ambas vacunas necesitan de la administración de 2 dosis para conseguir sus objetivos, lo que realmente será una dificultad más a la hora de conseguir el adecuado y esperado cumplimiento terapéutico. Este punto unido a la falta de concienciación que muestran las diferentes encuestas en torno a la poca confianza de la población en las vacunas, y al negativismo de los «antivacunas», hace que en los protocolos de Salud Pública, que ya deberían estar diseñados y publicados, se incorpore de forma imprescindible y urgente la Educación para la Salud desarrollada por los profesionales sanitarios, especialmente de enfermería y en todos los Centros de Salud.

Otra de las grandes dudas en torno a estas dos primeras vacunas se centra en la forma en que podrán ayudar a desarrollar la inmunidad necesaria contra el coronavirus: ¿podrán evitar el contagio de la enfermedad, o serán eficaces para que tras el contagio no se desarrolle la enfermedad, o al menos que lo haga de forma leve, disminuyendo su gravedad y la mortalidad? Todavía tendremos que esperar para contestar a estas y otras preguntas, que esperemos que tengan respuesta una vez terminada la Fase III de los ensayos clínicos y se vean publicados sus resultados definitivos con la correspondiente revisión independiente.

Pero sea como sea, y tanto para estas vacunas como para el resto, que todos esperamos que puedan llegar antes de la primavera de 2021, ya tendríamos que conocer el protocolo de actuación desde la Salud Pública y especialmente en cuanto a las prioridades de vacunación en los diferentes grupos de población. En mi opinión, las primeras vacunas se deberían destinar a todos los trabajadores del sistema sanitario, en los hospitales, centros de salud y servicios de emergencias; los trabajadores y residentes de todas las residencias geriátricas y centros de discapacitados; luego, los componentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, los trabajadores de los colegios e institutos, las personas diagnosticadas de enfermedades crónicas, las personas mayores de 60 años y después, el resto de la población. Sea este el modo de prioridades elegido por nuestros gobernantes u otro, creo que ya es hora de que podamos conocer el protocolo de vacunación que sea más eficaz. Y al mismo tiempo y con el apoyo de la Educación para la Salud desarrollada por los profesionales sanitarios y los medios de comunicación, tratar de conseguir la mayor cobertura de vacunación posible para llegar a esa «inmunidad de grupo» que todos deseamos y que necesitamos. Yo desde luego, como el resto de mi familia, nos vacunaremos en cuanto podamos disponer de la vacuna y por supuesto que seguiré insistiendo en la necesidad de que todos nos vacunemos cuando nos corresponda.