«Ser liberal»

Los socialistas llaman a renunciar a la libertad en aras del Estado, y arrasan con la libertad en aras del progreso.

Es más fácil ser socialista que liberal. El socialismo es más cautivador, desde su arrogancia intelectual e historicista hasta su presunción moral por el «cuidado de los humildes», como proclamó José Luis Rodríguez Zapatero en su discurso de investidura, como si los socialistas fueran indistinguibles de la Madre Teresa de Calcuta.

Son muy diferentes, claro, porque la santa convocaba a las mujeres y hombres libres a servir al prójimo, mientras que los socialistas llaman a renunciar a la libertad en aras del Estado, y arrasan con la libertad en aras del progreso.

El liberalismo, con su énfasis en los derechos de las personas, su cautela ante las limitaciones de la razón humana a la hora de organizar la sociedad, y su rechazo a toda utopía construida violentando libertades, es necesariamente menos atractivo. De ahí el interés con que leí el libro del escritor y ensayista mexicano, Federico Reyes Heroles, Ser liberal. Una opción razonada, que publica Taurus.

Encontré lo que esperaba: «La búsqueda de certidumbres de todo tipo, incluida la elaboración de una utopía, es mucho más común y popular que la incertidumbre liberal». Nuestras ideas son poco atractivas: «qué puede ofrecer el liberal en la plaza pública». El autor advierte contra la ilusión intelectual, típica de los socialistas de todos los partidos, que siempre aseguran saber cómo arreglar el mundo, quitándonos la libertad y el dinero. Nos invita a la rebeldía: «El cansancio no forma parte de una conciencia liberal», «no caer en el dogma, rechazar las verdades absolutas, vivir una incansable revisión de los paradigmas que nos rigen». Y también nos recomienda el realismo: «la idea de perfección envenena». Desfilan los nombres que cabía esperar, tratados con profundidad y acierto, empezando por Locke, Hobbes, Smith o Hume, y terminando por Hayek, Popper, Ortega, Arendt o Vargas Llosa, entre muchos otros.

Pero el lector completa el libro satisfecho por el estilo y la inteligencia de Reyes Heroles, y también insatisfecho, porque falta el desarrollo del aspecto central de la sociedad libre: la limitación del poder.

Está clarísima la condena de los totalitarios, los nazis, los fascistas y los comunistas. Pero no elabora la lógica del poder democrático. Al final parece que hay que confiar en él, porque es el menos malo, y porque igual no se excede. Pero no sabemos cómo sucederá eso ni por qué.