La soberbia frente a la Covid

«Nuestra superioridad tecnológica y científica nos ha hecho caer en una imprudente zona de confort»

Francisco Marhuenda

Los países ricos afrontaron con indiferencia la irrupción de la Covid en China. No voy a entrar en las teorías conspiranoicas sobre el origen del virus, porque son atractivas para las series y películas y no soy científico o agente secreto. La realidad es que las autoridades no le daban gran importancia. Había un cierto desprecio hacia la cultura china, fruto de esa arrogancia eurocéntrica. Era habitual ver las imágenes de los abigarrados mercados y hablar de sus condiciones higiénicas. Al final, nuestra felicidad saltó por los aires y fuimos confinados. La que hubiera sido una mortandad demoledora, como sucedió en el pasado con enfermedades de las que no existían vacunas o retrovirales, pudo ser relativamente controlada gracias al confinamiento y el mayor esfuerzo sanitario de la Historia. A pesar de ello, nuestra superioridad tecnológica y científica nos ha hecho caer en una imprudente zona de confort pensando que podíamos acabar con la Covid. Sánchez, al igual que otros líderes mundiales sin importar el signo ideológico, dio por finalizada la pandemia y cantó victoria como si fuera el anuncio de la paz tras una guerra mundial.

El pecado de la soberbia, aunque sea colectivo, es muy malo. Es verdad que es algo común en el ser humano, pero la realidad es que no solo no hemos derrotado a la pandemia sino que estamos afrontando una incierta sexta ola. Ahora hemos descubierto que el riesgo es real, aunque la intensificación de las acciones ante el virus es algo etéreo porque cabría esperar que el Gobierno haga unas propuestas concretas en la reunión de presidentes autonómicos. Esto no significa que no sean las comunidades las que ejecuten las medidas de acuerdo a sus respectivas realidades. Es incuestionable que ha aumentado la presión hospitalaria, aunque tengamos un escenario menos angustioso que en la primera ola gracias al éxito de la vacunación. En este caso sí se cumplieron las previsiones de Sánchez frente al escepticismo que existía a principios de año. Todavía recuerdo las proyecciones que se hacían sobre el porcentaje de vacunación y que fracasaron estrepitosamente. Y lo mismo desde el Gobierno cuando se decía que con el 70 por ciento estaba todo resuelto y ahora sabemos que, con el 90 por ciento, no lo está. Por ello, hay que abandonar la soberbia.