El desafío independentista

«Lo mejor sería convocar elecciones para clarificar la situación»

Francisco Marhuenda

La política se convierte en un grave problema cuando sus protagonistas son antes activistas que gobernantes. Lo que sucede en Cataluña desde hace años es un auténtico disparate. Es un esperpento incomparable, que está resultando muy perjudicial para los intereses de mi tierra. Me siento profundamente catalán, pero también español. Nunca he entendido esa incompatibilidad que introducen los nacionalistas por intereses estrictamente partidistas. No siento ninguna simpatía por el independentismo, como es evidente, pero entre los socios de la coalición de gobierno hay que reconocer que ERC es la formación más seria, dentro de la falta de seriedad y rigor que caracteriza tanto al gobierno catalán como al Parlament. Una parte muy importante de la sociedad, incluidos muchos nacionalistas, está agotada. Es cierto que la manipulación, con la inestimable colaboración de los medios de comunicación públicos y muchos privados, es fundamental para entender el grado de irracionalidad que hemos alcanzado. Es un conjunto interminable de mentiras articuladas alrededor de un proyecto independentista que no hace más que dividir y enfrentar a los catalanes. Lo triste es que muchos políticos, empresarios, profesores, periodistas, funcionarios y profesionales liberales han hecho del independentismo una rentable «profesión». El abrevadero presupuestario es enormemente generoso.

El último estrambote fue protagonizado este miércoles por esa pintoresca amalgama que se agrupa alrededor de JxCat. El problema de fondo de la crisis es que son dos formaciones con estrategias incompatibles en todos los terrenos. No solo en el proceso independentista. Junts es la heredera de Convergència. Es una formación de derechas que hace años que entró en un escapismo para esconder los escándalos de corrupción y su pésima gestión. Se envolvieron en la bandera catalana y han convertido la secesión en su único proyecto. Enfrente está ERC que siempre ha querido la ruptura, pero que ha abrazado el pragmatismo. No es causal que el abuelo del actual presidente de la Generalitat fuera franquista y su padre nacionalista y fiel seguidor de Pujol. Finalmente, el hijo es independentista. Esa capacidad de adaptación muestra la ausencia de principios y valores de una parte de la enriquecida burguesía catalana. Es algo que caracteriza a este tipo de nuevos ricos que siempre son afectos a quien manda para hacer buenos negocios. Lo mejor sería convocar elecciones para clarificar la situación.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).