Baviera vota y Berlín tiembla

El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, se resiste a hacerse responsable de la debacle electoral de la CSU. Foto: Reuters
El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, se resiste a hacerse responsable de la debacle electoral de la CSU. Foto: Reuters

Unas elecciones regionales con repercusiones nacionales. Los comicios celebrados ayer en el rico “Land” de Baviera suponen otra mala noticia para la Gran Coalición alemana que a duras penas gobierna desde hace solo seis meses. Los electores bávaros han aprovechado la renovación de su Parlamento para enviar un nítido mensaje de hartazgo a los conservadores de la CSU (partido hermano de la CDU de Angela Merkel) y a los socialdemócratas (SPD). Los dos grandes partidos han pasado de sumar un 70% en 2013 a apenas una 46%. No muy lejos del 40% que les dan los sondeos a nivel federal.

En el caso de la CSU, el partido del siempre incómodo ministro del Interior, Horst Seehofer, el resultado en las urnas supone un bofetón en toda regla al giro xenófobo y ultranacionalista, cercano a la ultraderecha, que ha adoptado el Gobierno de Múnich el último año para parar los pies a Alternativa para Alemania (AfD). Al final, los electores no se han tragado este cambio y los más derechistas han preferido el original antes que la copia. La CSU ha cosechado su peor resultado desde 1950 y se verá obligada ahora a buscar socios para mantenerse en el poder, algo a lo que no está acostumbrada tras haber gobernado casi ininterrumpidamente con mayoría absoluta.

Pero la sangría de la CSU no solo viene de su flanco derecho. Sus seguidores más moderados y liberales han huido espantados de un partido que se denomina en sus siglas social y cristiano, pero habla de expulsar a refugiados a las bravas. De ahí que hayan optado por aupar a Los Verdes como segunda fuerza política. Una formación que ya gobierna en otros dos ricos estados del sur de Alemania (Hesse y Baden Württemberg).

Para los socialdemócratas de Andreas Nahles, por otra parte, la debacle en Baviera no tiene precedentes. Pasan de segunda a quinta posición en el Parlamento de Múnich tras perder la mitad de sus votos y sufrir la humillación de verse superados incluso por la extrema derecha. Una desoladora realidad que ya reflejan los sondeos nacionales desde hace tiempo. De nuevo el SPD paga el coste de formar parte de una cada vez más impopular Gran Coalición con los conservadores. No es de extrañar, por tanto, que a mitad de legislatura opten por abandonar el barco y dejar a Merkel a su suerte.

En todo caso, los culpables de las desavenencias en este matrimonio de conveniencia no deben buscarse en los socialdemócratas, sino en los socios bávaros, auténtico dolor de cabeza para Merkel desde el principio. Seehofer, que no por casualidad también es ministro de Patria, es el responsable de las dos crisis que ha tenido que hacer frente a la Gran Coalición en su medio año de andadura. Primero porque lanzó su plan maestro de política de asilo en complicidad con su homólogo italiano, Matteo Salvini, y a espaldas de la canciller, a la que llegó a dar un ultimátum para no cerrar unilateralmente las fronteras alemanas. El último desafío a su jefa fue cuando decidió nombrar secretario de estado al destituido jefe de los servicios secretos alemanes, Hans Georg Maassen, que había restado importancia este verano a los episodios xenófobos en la ciudad sajona de Chemnitz. En un último gesto de desprecio, Söder y Seehofer quisieron mantener a Merkel lo más alejada de Baviera y no la invitaron ni al tradicional cierre de campaña. Quien si estuvo presente fue el primer ministro austriaco, Sebastian Kurz, que lidera en Viena una coalición junto a la extrema derecha del Partido Liberal (FPÖ) y cuyas posiciones sobre los refugiados y la inmigración están más próximas de Múnich que de Berlín.

La canciller, un animal político que lleva veinte años sobreviviendo gracias a la aniquilación de sus rivales, aguarda a que las elecciones regionales que se celebran en Hesse en dos semanas no le deparen el mismo destino que a sus hermanos bávaros. Si logra frenar la sangría de votos, Merkel podrá aún reivindicar su centrismo frente a las tentaciones de girar a la derecha. Además, si Seehofer y Markus Söder, primer ministro de Baviera, agudizan su enfrentamiento, la gran beneficiada será la líder de la CDU, que se enfrenta a un decisivo congreso en diciembre que medirá el apoyo con el que aún cuenta en su partido. Si bien son muchos los que predicen que Merkel no concluirá su cuarto mandato, lo cierto es que antes deberá dejarlo todo atado y bien atado para que su sucesora, la actual secretaria general de la CDU, Anette Kramp Karrembauer, pueda ser la candidata cristianodemócrata en las elecciones de 2021. Y tres años son mucho tiempo en política.

pgarcia@larazon.es