30 años de la caída del Muro

Mañana se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín, símbolo de la Guerra Fría. Su término fue acuñado para describir el enfrentamiento no directo entre los dos grandes bloques políticos, ideológicos y militares, en los que el mundo quedó dividido tras la Segunda Guerra Mundial, conformados por el área de influencia respectiva de las dos superpotencias nucleares surgidas de aquel conflicto: EEUU –el bloque occidental– y la URSS –el oriental. Como sabemos, terminó precisamente con las bombas atómicas lanzadas sobre Japón en agosto de 1945. El 9 de noviembre de 1989 ha pasado a la Historia por ser el día en que se desmoronó ese símbolo y, con él, aquel mundo bipolar. Ante la dificultad de explicar la caída del Muro, del Telón de Acero y de la misma URSS –disponiendo de un potencial militar nuclear capaz de destruir la humanidad– sin mediar ni un solo misil entre la OTAN y el Pacto de Varsovia, se inventan teorías, como la «sucesión de casualidades».

Recuerdo las palabras pronunciadas por S. Juan Pablo II tras darse cuenta de la fecha de su atentado, 13 de mayo de 1981: «Tenía que producirse el atentado contra el Papa coincidiendo con la fiesta de la Virgen, para que la Iglesia y el Papa miráramos al mensaje de Fátima... Porque en los designios de la Providencia, no hay meras coincidencias». Tras realizar la consagración pedida por Ella, vino todo lo demás.

Sabiduría humana, Sabiduría divina.