Ada, la secesionista

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Ada Colau ha ganado su referéndum. Hace unos días ya quiso cargarse el pacto de gobierno municipal con el PSC a cuenta de su apoyo al artículo 155 de la Constitución. Pero su segundo de a bordo y teniente de alcalde Gerardo Pisanello debió recordarle que aquel pacto lo había aprobado la militancia y no era cuestión de cargárselo sin más. ¡Pues otro referéndum! Lo sorprendente es que éste lo ha ganado por los pelos. Desde el pasado jueves hasta la medianoche del sábado al domingo votaron 3.800 personas. Pues bien, 2.059 (54,18%) votaron a favor de la ruptura y 1.736 en contra (45,65%). A partir de ahora deberá gobernar en minoría. Veremos.

Esta decisión no es una novedad en la vida de la alcaldesa de Barcelona. Atrás quedaron sus inacabados estudios de Filosofía; su breve carrera de actriz televisiva en la serie «Dos + Una» que emitió Antena 3 Televisión en el año 2000, y su etapa «okupa» y en las movilizaciones de 2003 contra el G-8 en Barcelona. Dios la vino a ver con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en Barcelona que fundó en 2009 y de la que fue portavoz y que en 2015 le permitió dar el salto a la cabeza de lista de la coalición electoral Barcelona en Comú en las elecciones municipales. Fue la lista más votada en Barcelona.

Desde entonces han pasado muchas cosas en Cataluña y en su ciudad. Para no irnos por las ramas recordaré sólo lo más reciente. El 23 de octubre Pablo Iglesias mandó una carta abierta a los militantes de Podemos titulada «Siete consideraciones sobre la crisis catalana» en la que decía: «Promoveremos un referéndum con garantías en Cataluña para que sus ciudadanos puedan decidir el tipo de relación que desean establecer con el resto de España».

Pues bien, el mismo día que Colau llamaba a su militancia a votar sobre lo que ella ya había anunciado –la ruptura con el PSC– pronunció un discurso llamando a la unidad «sin fisuras» de «todo el catalanismo político» contra el 155 y «el autoritarismo» de Rajoy y a favor de la liberación de los que proclamaron la república catalana. Y por si eso fuera poco, ese mismo jueves de gloria su grupo aprobó una moción municipal con ERC, PDeCAT y la CUP que reconocía a Carles Puigdemont y a sus conselleros destituidos como «el Gobierno legítimo de Cataluña». Ahí es nada.

Y es que hablamos mucho de los mejillones de Puigdemont en Bruselas, pero desde que Iglesias cenó con Junqueras en casa de Roures, la política catalana camina hacia un pacto político del que Colau e Iglesias quieren ser colaboradores necesarios, a falta de votos salvo en la ciudad de Barcelona. El bajón en las encuestas no parece importar a Pablo Iglesias ni Ada Colau. Las purgas lo demuestran. El poder, que casi consiguieron con Pedro Sánchez, es el que ahora quieren.