Adiós, Eurovegas, adiós

Desde el primer día fui un caluroso defensor del proyecto de Eurovegas. Ha de decirse que no fue fácil porque sus adversarios eran incontables y poderosos. De entrada, a los nacionalistas catalanes los jeringaba de manera suprema que el proyecto se hubiera asentado en Madrit y no en Barcelona; de continuación, las izquierdas estaban que bufaban ante un plan que podía proporcionar empleo a centenares de miles de personas en una CCAA que no gobernaban y como aderezo final, los fariseos de la extrema derecha a la extrema izquierda clamaban contra el aumento de la prostitución, del vicio y de la droga que, presuntamente, iba a traer semejante plan. Incluso algunos desenterraron el fantasma del antisemitismo y sostuvieron que, puesto que Adelson es judío, nada bueno cabía esperar. De nada servía que se les aclarara que Eurovegas iba a ser un complejo turístico del que sólo un reducido porcentaje se dedicaría a casinos. De nada servía que se les indicara que juego y prostitución en España ya existen en cantidades industriales bien es verdad que no beneficiando al conjunto de los ciudadanos. De nada servía que se le señalara que muchos de los que exigían virtud carecían de la autoridad moral para hacerlo. De nada servía que se apuntara al balón de oxígeno que significaría para nuestra deprimida economía un cuarto de millón más de cotizantes y menos de parados. De nada servía, finalmente, que se subrayara que Madrid es casi en exclusiva la única CCAA que sigue respirando económicamente para mantener, por ejemplo, el PER andaluz, los derroches catalanes o la Sanidad vasca. De nada. Ahora, al fin y a la postre, Eurovegas no se construirá. Pueden estar contentos los nacionalistas catalanes porque Madrit no experimentará beneficio alguno y se limitará a seguir pagando sus despilfarros. Pueden estar contentas las izquierdas riéndose de que la derechona no se ha apuntado un éxito electoral y, a lo mejor, pueden apoderarse de la CCAA de Madrid y hundir la locomotora económica de España. Pueden estar contentos los fariseos de toda laya por haber salvado a Madrid de la prostitución que basta recorrer la Casa de Campo o ciertas zonas de Getafe para contemplar de una manera más sórdida y repugnante que en cualquier casino del mundo. Pueden estar contentos los moralistas porque el juego ya sólo estará en manos de ciertas empresas y del Estado. Pueden estar contentos los antisemitas porque, como en 1492, los judíos son expulsados. Y además ¿a quién le importan los desempleados?