Alianza de camaleones

La Razón
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No sé si lo que me produce es grima, desazón o sólo vergüenza ajena. Cuando aún no se conocía la muerte de Jorge García Tudela, el segundo policía español caído en el atentado de los talibanes contra el complejo donde está nuestra embajada en Kabul, ya había en los medios de comunicación quien acusaba a Rajoy de ocultar la verdad y se refocilaba soñando con una reedición del vuelco electoral de 2004. En una clara llamada a los que se desgañitaron gritando «¡asesinos!» ante la sede del PP, tras los atentados del 11-M, el online de Pedrojota concluye su editorial con la lapidaria frase que lanzó entonces Rubalcaba: «España no merece un presidente así».

En ámbitos más arrabaleros, como el que dirige Nacho Escolar, se sentencia: «el intento de ocultar la gravedad de los hechos se produjo en el peor momento posible».

En la Cadena SER –faltaría más–, quizá por falta de valor que no de ganas, optan por la insinuación venenosa y sueltan en tono socarrón que «Rajoy habló demasiado». No nos puede ser ajeno un atentado contra un edificio donde se alojan ciudadanos europeos, máxime cuando ni se ha cumplido un mes de la masacre de París, pero que el presidente puntualizara que los fanáticos islámicos no iban contra nosotros y pidiera tranquilidad, tiene su lógica. La misma que hace que la noticia esté en la portada de todos los diarios nacionales, porque hay víctimas españolas, y apenas aparezca como un breve en los internacionales. En eso que los militares denominan «la bruma de la guerra» se cuelan pifias, trampas y errores. Exigir exactitud en los detalles, cuando todavía silbaban las balas y no se había extinguido el estampido del coche bomba, es insensato o malintencionado. Conviene recordar a esa «alianza de camaleones» hipnotizada ante la perspectiva de que estos dos muertos –como ocurrió en 2004 con los atentados de Atocha– le permitan llevar agua a su molino electoral, que lo importante en horas como estas no es sacar votos de mala manera. Los policías fallecidos en Kabul no formaban parte de despliegue militar alguno. Son, como los cientos de agentes desplegados por todo el planeta, parte de la protección que reciben las embajadas. Ahí, los del «No a la Guerra» tienen poco que rascar. Estamos frente a un atentado islamista, ante un ataque a Occidente, no en un debate sobre impuestos, recetas o paneles solares. Y más allá de la mezquina conveniencia electoral, deben primar los intereses nacionales y la vida de los servidores de la Patria.