¡Ánimo! Y a la calle

Son la base moral de nuestra democracia. Merecen nuestra comprensión, nuestro respaldo, nuestro aliento, nuestro empuje para defender sus libertades y sus derechos, que son los nuestros; y sus demandas, porque reclaman algo tan elemental y democrático, algo tan noble e imprescindible como la memoria, la dignidad y la justicia.

Así que el Partido Popular está donde debe, con quienes debe, y en lo que debe. No cabía otra decisión que sumarse a la concentración de Colón. Porque cualquier alternativa habría significado tirar la toalla, traicionar, engañar a quienes están sujetando verdaderamente los valores y los principios que deben guiar la lucha para la definitiva derrota de los despojos que aún se encuadran en esa máquina de matar llamada ETA (¡cobardes!).

Sin duda que hay margen de maniobra para encajar el jarro de agua fría, la puñalada que representa la insensata decisión de los insensibles señores de Estrasburgo. Pero es mínimo. Porque es mucho el tiempo que se ha perdido. Porque son demasiadas las cosas que se han hecho mal o, peor, que no se han hecho nunca. Y porque en España, aunque con frecuencia no lo parezca, rige la separación de poderes. Y son los tribunales ordinarios y especializados los encargados de ejecutar las malditas disposiciones que llegan de Europa.

Pero hay algo aquí de nuevo relevante y bien visible. Cuando los que han caído por España y por el Estado de Derecho salgan el domingo a la calle, habrá políticos que les darán la espalda o les ignorarán. Y habrá otros, los que militan en el Partido Popular, que pondrán su cara y les darán su hombro. Sólo una mínima parte de lo que les deberían dar. ¡Ánimo a los nuestros!