¡Así, así, así gana la Ley!

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Esperando no tener que lamentar esta afirmación en la noche del «21-D» señalaré que me creo casi plenamente las garantías que me apuntaba un miembro del Gobierno sobre la infalibilidad del proceso de recuento de votos en la tarde-noche electoral catalana y sobre lo extremadamente difícil que resultaría una ingerencia en ese proceso por parte de hackers u otros elementos interesados en distorsionarlo desde el exterior. Me lo creo. Cosa distinta son el ruido y la confusión que pretenda crearse a la hora de falsear la verdad tratando de despistar la atención –que no sería la primera vez– de algunos medios de comunicación o inundando de morralla las redes sociales. Pocos actos resultan tan deleznables como el de ponerse la venda antes de la herida tratando de embarrar el terreno de juego ante la más que probable certeza de que el desenlace de la competición no va a ser precisamente el más deseado. Con encuestas en mano, con una campaña marcada por la improvisación en busca de conejos en chisteras cada vez más yermas, el independentismo –en especial la ya no tan favorita «ERC»– dividido, puesto en evidencia y víctima del desgaste de materiales amenaza ahora con sembrar de sospechas la eficacia –que viene a ser lo mismo que la limpieza– del proceso electoral en la jornada definitiva de este jueves 21 sobre todo a la hora del recuento de votos en sus primeros minutos. Atención a la primera media hora tras el cierre de colegios.

Conscientes de que su relato vende ya poco o casi nada de puertas para afuera, todo parece valer con tal de que la mesa de juego vuele por los aires tapete y naipes incluidos en un «modus operandi» que ya nos ha brindado episodios como el de la célebre Marta «dedos rotos», emblema de la sublimación de la mentira. Ahora lo que toca es el fantasma del «pucherazo», nada extraordinario por otra parte viniendo de quienes han sacado al momio de Franco a pasear y no han dudado en difamar sistemáticamente al Estado. Resulta cuando menos grotesco que quienes protagonizaron una chapuza ilegal el 1 de octubre de la que se avergonzarían hasta los más consumados maestros del «puchero bananero» vuelvan a arrogarse ahora la pulcritud de un recuento paralelo de la «señorita Pepis». En ello parecen estar, tal como se viene profiriendo en actos recientes como el protagonizado por la plañidera ¡Beatriz Talegón!... sí, la Talegón, estrella invitada de ERC. cualquier roto sirve para olvidar los descosidos de Marta Rovira, lideresa por accidente.

Para el independentismo resultaba inimaginable hace tan solo unos meses que hoy una parte del «ex Govern» esté en la cárcel y la otra parte fugada, que Forcadell haya acatado sumisamente el 155, que los «Jordis» sean ya veteranos en Estremera, que las elecciones se las haya convocado un señor del PP o hasta que Arrimadas pueda ganarlas. Pues sí, ha pasado y aquí estamos, aunque eso se digiera mal, razón de más para que el Gobierno esté pendiente esa noche de algo más que la intranet.