Burkas y burkinis

La Razón
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¡Desaparecieron los políticos! Quienes seguimos sus andanzas les damos las gracias: necesitábamos fijarnos en otros paisajes y personas por motivos de salud mental. Este puente de todas las patronas que te imagines he sustituido las caras clásicas del bloqueo por rostros altamente apetecibles. Los de mi familia que crece, bellísima, en los ojos de Lucía. Salgo ganando, lo sé. Aunque a veces, la cabra tira al monte. La curiosidad me puede. En algún momento del día escapo del paraíso y recurro a las ediciones digitales e, incluso, a la televisión, para saber cómo va el mundo.

El «The New York Times» lleva a rajatabla su célebre lema «all the news thats fit to print». Publican «todas las noticias que merecen la pena». Y en ese batiburrillo final, muy frecuentemente, las más leídas no son las más relevantes para un país, sino las que producen mayores sentimientos positivos al lector. Me detengo a ojear los digitales. Los olímpicos que elevan el orgullo patrio encabezan la lista de noticias más compartidas. Rafa Nadal, gane o pierda, nos apasiona. Rafa siempre, con razón, por encima del bien y del mal. Luego están nuestros otros héroes: Mireia, Maialen, Lydia, Marc López. Nuestras nadadoras, nuestro equipo de baloncesto. Y cómo no, los dioses Bolt, Phelps, Mo Farah...

En paralelo, la tele nos permite asomarnos estos días a otros lugares emocionantes. Manbij se llama el pueblo sirio liberado hace escasas horas del horror del ISIS. Frente a las cámaras, mujeres autóctonas lloran de alegría, se quitan el burka y lo queman en la calle.

Al hilo del asunto islámico, al cambiar de canal y toparme con el burkini, mi cabeza europea le encuentra todo el sentido a la práctica del nudismo –en según qué playas– y ninguno a ponerse un modelito semejante en Europa. No me linchen: no practico ni lo uno ni lo otro. Pero creo que aquí, en la costa, una mujer tapada de los pies al cogote por motivos religiosos encarna la involución femenina.

Libertad, divino tesoro. Cuánto me alegro de haber venido al mundo en la isla libre que alumbró La Pepa y no unos kilómetros atrás, en suelo marroquí. Respiro libertad. Ésa que, injustamente, se le niega a tantas mujeres al otro lado del Estrecho o al mártir político venezolano Leopoldo López, a otro lado del Atlántico.

¿Habrá algo más liberador que quemar tu burka frente al tirano? No lo creo.