Cargos y cargas

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Los sondeos de algunos medios de comunicación ratifican los datos que ya estaban en poder de los principales partidos y que apuntan a una importante subida de Ciudadanos, con probabilidad de sorpasso, a uno o a los dos principales partidos.

Las estrategias de PP y PSOE siempre son diferentes. El Sr. Rajoy pone la cocina a fuego lento e intenta que sus adversarios se cuezan en su salsa. Por su parte, la dirección socialista, siempre siente la necesidad de hacer algo urgente, intentando llamar la atención de los electores.

En política, como en la vida, los mediocres siempre son complacientes con un líder cuando está fuerte y despiadados con él cuando su situación tiene fisuras. La actual dirección de IU medró cuando las expectativas electorales del Sr. Lara eran prometedoras y lo laminó cuando cayó con la emergencia de Podemos.

Posteriormente, la estrategia consistió en cobijarse bajo el ascenso del Sr. Iglesias, hasta prácticamente diluirse en la formación morada, manteniendo, eso sí, cierta diferenciación de identidad a la hora de elaborar listas electorales.

La situación se torna parecida, desde su inconsistente posición en Cataluña, Podemos está en caída libre. El Sr. Iglesias lo sabe, por eso ha reaparecido en las últimas horas ante los suyos para hacer una reflexión crítica de su propia gestión.

Justo cuando la debilidad del líder podemita es más acentuada, el Sr. Garzón exige más peso y una visibilidad más “justa” en las futuras candidaturas. Ocupar las primeras posiciones es más necesario dado el desgaste y la posible pérdida de escaños. En estas condiciones, el “mercado de cargos” se convierte en uno de “cargas”, en el que se queda con la silla el que más presiona, no el que más aporta.

El PSOE está inquieto, el mal resultado en Cataluña y el estancamiento en las encuestas nacionales frente al crecimiento en algunos territorios, ha encendido la bombilla de algunos dirigentes socialistas que se han apresurado a abrir la puerta a “toda aquella persona progresista que quiera trabajar para luchar contra la desigualdad”, en referencia a actuales dirigentes de Izquierda Unida.

En principio no habría nada extraño en la intención, durante la democracia muchas organizaciones han confluido en el PSOE que llegó a denominarse “la casa común de la izquierda”.

Sin embargo, al gesto le ha faltado sentido de la oportunidad por tres razones diferentes:

Una de carácter táctico, este tipo de iniciativas solo se hacen públicas cuando están finalizando, no cuando ni siquiera han comenzado.

Una segunda de sentido común, una declaración de estas características solo sirve para poner en valor al Sr. Garzón, cuyo interés radica, exclusivamente, en obtener mejor posición en la negociación a cara de perro que mantiene con Podemos.

La tercera razón, como siempre, es la más compleja. Hasta el momento, ningún líder político ha sabido dibujar su ideal de España para dentro de 20 o 30 años, falta un proyecto de país. La cuestión catalana ha hecho visible este agujero negro y los votantes están dispuestos a premiar al que ofrezca un proyecto nacional más claro. Ahí es donde está la fuga de votos que PP y PSOE han experimentado en favor de Ciudadanos.

Una definición clara y actual de la organización territorial del Estado es importante, pero es sólo una pincelada más de un proyecto de país que echan en falta los españoles.

El Sr. Rajoy no despierta ninguna pasión y ha cansado a muchos de sus antiguos electores y el PSOE tampoco consigue salir del agujero. Si ni unos ni otros consiguen entender a la sociedad española, seguirán paseando por la pasarela los que estén de moda en cada momento.