Cero en conducta

La Razón
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En ocasiones el hemisferio cerebral derecho de Mariano Rajoy no sabe lo que hace el izquierdo, y no es por el manido galleguismo sino por hábito fisiológico que tantos servicios le ha prestado. Otros líderes en exposición ante el Altísimo parecen entregados a la función oportunista de la confusión y la dilación de decisiones mediante el método de marear a la perdiz. Los diez misteriosos votos a la Mesa congresual, negados vergonzantemente por sus ejercientes, pueden ser constitucionales. El PNV y esa Convergència renacida de su propia podre pueden negociar con el PP asuntos fuera del soberanismo. Son dos nacionalismos de muy distintos recorridos; el PNV tiene buenas cuentas gracias al sistema foral, pero de cara a sus elecciones le convendría un acercamiento de presos a Euskadi aún manteniéndose la estatalidad penitenciaria. Podría ser. Convergència y sus compañeros de desconexión lo que necesitan es liquidez para aliviar el bono basura catalán, porque aunque el «seny» ha sido sustituido por el romanticismo sentimental, aquello de la pela es la pela continúa vigente. También podría haber ocurrido sin desdoro de la unidad nacional. Evitar terceras elecciones justificaría tactos de codos aparentemente extravagantes porque la supuesta muerte del bipartidismo acarrea negociaciones engañosas. En esta duodécima legislatura, en el aire desde su composición, el PSOE no es la oposición por mucho que autoproclamen el papel; la oposición son varios, desde Unidos Podemos hasta los que quieren romper el Estado por cuenta propia. La dirección socialista, Comités Ejecutivo y Federal, es una amalgama de intereses creados que no dan las gracias a Pedro Sánchez por los servicios prestados por la fragilidad del cargo que ocupan. José Luis Corcuera propuso que los miembros del Federal contaran al menos con dos años de trabajo por cuenta ajena. Rodríguez Ibarra le contraofertó que cuatro, y nada se hizo porque podía desaparecer la mitad del Comité. Salvo los que aparecen en los telediarios nadie les conoce. Simplemente trabajan en «La Empresa», como ellos definen. El Ejecutivo es vicario; el Federal, un aguantadero. Estos amigos no entienden que la gobernabilidad de la mayoría minoritaria no es cuestión ideológica, sino necesidad de la economía nacional y sus compromisos internacionales, de poner el país de todos en hora. Cero en conducta, que se traducirá en descrédito de la clase política, incluidas las nuevas castas de Rivera e Iglesias, hoy Sacristías.