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Con un par

La Razón
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Confieso que antes del clásico del 2 de abril estaba convencido de que no había en el mundo un equipo de fútbol más atractivo, jacarandoso, garboso e invencible que el Barça. Con el gol de Piqué en el minuto 56 cimenté los argumentos; con los tantos de Benzema y de Cristiano Ronaldo, dudé. Los 13 puntos de distancia que estableció «Míster Periscope» con el Madrid encogieron hasta los 7 y aparecieron las primeras grietas, sin sellar pese a la victoria por 2-1 ante el Atlético en Champions. A continuación, el «txuriurdinazo», tres puntos de apoyo menos y más fisuras en la estructura; de inmediato, otro sopapo rojiblanco y un título menos al que aspirar. La eliminación de la Liga de Campeones fue un durísimo revés. Y sin solución de continuidad, el petardazo ante el Valencia, derrota inmerecida que, no obstante, dejó a cero el marcador entre Luis Enrique y Simeone y demasiado cerca a Zidane. Sólo el «golaverage» particular suma en el casillero azulgrana.

Si Jorge Lorenzo, cansado de que en Yamaha sólo miraran por los ojos de Rossi, ha tenido un par para mudarse al garaje de Ducati, al Atlético no le han faltado arrestos para subirse a las barbas del líder de la Liga y conservar un punto de ventaja sobre el vecino ahora que todo está por decidir. El calendario del Barça es el más amable y, apartado de Europa como ha quedado, tiene una preocupación menos que los perseguidores, pero también un enemigo extraordinario: la angustia. El hueso rojiblanco es el Athletic en San Mamés y las complicaciones madridistas aumentan frente a rivales como Villarreal, Valencia o la Real. Todo ello, sobre el papel. Hace un par de semanas era inconcebible un campeonato de Liga condensado en cinco partidos.