Concejal Botella

La Razón
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Botella, el concejal de Podemos del Puerto de Santa María, no sólo ha faltado al respeto a todos los creyentes y a la Iglesia disfrazándose de sacerdote para oficiar la boda civil de dos memos del montón. Ha protagonizado una burda y chusca falta de respeto al talento popular y el buen gusto de la localidad gaditana. Para colmo de grosería, se colgó a modo de estola eclesial una bufanda del «Barça». Y se fotografió sonriente y divertido, orgulloso de su estúpida hazañita.

Botella ignora que el Puerto de Santa María es cuna y escuela de muchos talentos. En el Colegio San Luis Gonzaga de la Compañía de Jesús, coincidieron Pedro Muñoz-Seca, Juan Ramón Jiménez y Fernando Villalón. Y cuando éstos finalizaron su bachillerato, ingresó Rafael Alberti. Rafael, incomensurable poeta y mucho peor persona, recuperó sus raíces cuando llevaba decenios exiliado. Las raíces de su arboleda perdida y de la religiosidad de su familia. En el poemario de su recuperación poética «Roma, Peligro para Caminantes», escrito en su casa del barrio del Trastévere, reúne en un brevísimo poema su poso cristiano y su gracia del Puerto. La estatua de bronce de San Pedro en el Vaticano tiene los pies gastados por los besos de los fieles a través de los siglos. «Dí, Jesucristo, ¿por qué/ me besan tanto los pies?/ Soy San Pedro, aquí sentado/ en bronce inmovilizado./ No puedo mirar de lado/ ni pegar un puntapié,/ pues tengo los pies gastados/...como ves./ Haz un milagro, Señor/ ¡déjame bajar al río,/ volver a ser pescador,/ que es lo mío». Me extiendo en Alberti porque su militancia comunista puede interesar al ignorante del concejal Botella. Don Pedro Muñoz-Seca cayó asesinado por Dios y por España en Paracuellos del Jarama, fusilado por los héroes del concejal Botella. Juan Ramón alcanzó el donaire de los elegidos. Fernando Villalón, gran poeta tardío, ganadero, jinete y quiromántico, fue andaluz de bragueta viva y perdón cristiano. Y del Puerto surgieron magníficos poetas y escritores locales, dueños del talento y el placer por las palabras de la literatura andaluza. Y el gran Manolo Prieto, que dibujó el Toro de Osborne. Antonio Burgos, Paco Reyero, Ignacio Camacho –en el periodismo literario–, y Manuel Halcón, los hermanos De las Cuevas, y José Antonio Muñoz Rojas podrían haber nacido en El Puerto, pero sus madres se empeñaron en parirlos en Sevilla, Madrid o Antequera. En su dedicatoria de la comedia «El Roble de la Jarosa», Muñoz-Seca se acuerda de su raíz, de la luz de la bahía, de la sal y los pinares del Puerto: «Al Puerto de Santa María, el pueblo más bonito de España, donde hay más sol y más alegría, y donde viven los viejos de mi alma». El Puerto es mucho Puerto para este pobre Botella.

En El Puerto, como sucede en tantos lugares de Andalucía, las devociones son sagradas para todos, incluídos los ateos. Insulten o desprecien ante un agnóstico de Almonte a la Virgen del Rocío y verán lo que sucede. Hagan lo mismo en El Puerto con la Virgen de los Milagros, y les sucederá más o menos lo mismo. El talento jamás ha tenido mal gusto. El mal gusto y el talento están reñidos, se muerden el uno al otro. El Puerto de Santa María es una síntesis de la belleza luminosa de la Bahía de Cádiz y del talento culto o popular de sus gentes. Y en El Puerto, desde los Osborne a los Caballero, pasando por los Terry y otras casas de menor historia, nace el fino, el oloroso, el amontillado, el palo cortado, y el vino en general, más diverso y rico de España. Pero no es vino para botella tan ordinaria y vulgar.

Ese es el problema del concejal Botella. Que ignora todo lo que significa El Puerto. No respeta a su ciudad. Los cristianos y fieles de la Iglesia siempre terminan perdonando. Y le perdonarán su falta de respeto y su grosería indumentaria. Le perdonarán hasta la bufanda del «Barça». Pero jamás la estupidez y la ignorancia. Estamos sobrados de tontos, y uno de ellos se mueve por El Puerto de la inteligencia y el talento. Habrá que aguantar el mal vinagre de esta botella sucia.