Contener las iras

La Razón
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Veo las fotos de Segarra, condenado a muerte, y no puedo evitar sorprenderme por su sonrisa. Tal vez espera que la Justicia tailandesa recapacite y se convenza de que él es inocente. Pero aún así resulta extraña. Y no sólo porque ni las cárceles ni los tribunales tailandeses son, precisamente, los más amables de la tierra, sino porque, además, está acusado de secuestrar y matar a un compatriota, a un amigo que fue asfixiado y descuartizado. Segarra asegura que no hay pruebas sino indicios, pero la realidad es que todos le apuntan, incluida su ex novia. Más allá de los hechos no probados y de lo terrible que resulta pensar en el asesinato del fallecido, la pena de muerte es, a mi entender, un paso atrás en la condición humana. Y no sólo en casos como éste donde la culpabilidad no está suficientemente probada. El ser humano es más persona cuando se libera de sus instintos y evita dejarse llevar por sus impulsos. Matar a quien mata, acción reacción, convierte también en criminal al que lo hace. Contener las iras es el mayor logro de la humanidad. Y sólo se puede conseguir a partir de unas normas bien definidas y acatadas por todos, entra las que han de caber algunas para quienes se las salten, para los malos, sin que aplicárselas nos convierta en malos a todos...