Democracia morbosa

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Lo vital en una democracia es el respeto a sus reglas, y poco más. Lo que hace malo o bueno a un sistema político son las personas, un buen sistema con mala gente es perjudicial, y uno menos bueno dirigido por gente excelente resulta beneficioso; pero en definitiva lo que realmente hace fuerte a una democracia es el respeto a las reglas. Lo peligroso acontece cuando aquellos que han contribuido a crear un sistema, y han impuesto muchas de sus normas, si les disgusta el resultado de su aplicación no las aceptan, y tratan de perturbar su normal funcionamiento. Estos son los que no dudan en aniquilar a aquel que les estorba, sin aceptar las reglas del juego que ellos mismos han impuesto. Cuando no encuentran argumento legal lo inventan, buscan al tonto de turno y lo explican, y no dudan en superar el marco jurídico para conseguir lo que quieren, y someter a sus adversarios, y todo ello imbuido de una suerte de moral superior que además abandonan cuando les viene en gana. No sé quién tiene más culpa, si los que abusan del sistema o aquellos que se lo permiten, pero lo que es cierto es que en una democracia enferma, gobierne quien gobierne, siempre mandan los mismos, y creo que ha llegado el momento de superar esta realidad. Es insoportable que te pretendan someter desde una democracia morbosa, como así la denominaba Ortega y Gasset, cuando describía la democracia frenética y radical. El problema real, como decía Nietzsche, radica en el resentimiento del que niega la excelencia porque se siente inferior al carecer de ella, porque desgraciadamente vivimos entre gente que no se estima a sí misma y, como decía el filósofo, casi siempre con razón. Con lo fácil que es aceptar las reglas y asumir sus consecuencias.