Derribos Iglesias

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Ésta es una de las pocas frases divertidas que se oyeron en el Congreso de los Diputados en las casi 48 horas que se alargó la moción de censura presentada por el inefable Pablo iglesias –si lo hizo para mayor gloria de su persona, la cosa le salió fatal, un derribo total–. Lo que nadie le puede quitar es el título al más cansino de la historia parlamentaria de los últimos 40 años: 2 horas y 48 minutos avalan la justicia del título. Se nota el homenaje a sus modelos políticos: Fidel Castro y Hugo Chávez. Para colmo, lanzó a su Evita particular, Irene Montero, de telonera. Pero como hay amor por medio, le dejó la mitad del espectáculo: 2 horas y 10 minutos de actuación. De este «show» no se repondrán muchas diputadas y diputados, sin contar que la cosa le va a salir a las arcas del Congreso por un pico, porque habrá que habilitar fondos para pagar horas extraordinarias, muchas de ellas con incrementos importantes, ya que no se respetaron ni el aperitivo de la una, ni tan siquiera la comida. Para que luego digan Iglesias y sus muchachos que el presidente del Gobierno y sus ministros usan las instituciones a su favor. Rajoy sólo empleó 90 minutos en despachar a Perón y Evita, perdón, Irene y Pablo, qué confusión más tonta. Los Perón luchaban por sus descamisados pero se presentaban ante ellos con trajes de grandes modistos, joyas fastuosas y uniformes deslumbrantes porque sabían que sus peronistas disfrutaban de semejantes lujos a través de ellos. Nuestra pareja se ofrece a sus podemitas con una tristísima indumentaria. La chaqueta de Iglesias del primer día me recordaba a épocas pasadas, cuando para un entierro o una boda alguno se ponía una chaqueta del abuelo cinco tallas más grande y que como a Pablo, los hombros le llegaban a los codos. Recién terminada la feria taurina de San Isidro y con las corridas de la Beneficencia y la de la Cultura pendientes, hubiese sido normal que le hubiesen gritado desde el hemiciclo aquello de «mátalo ya» o, en este caso, «por qué no te callas».