Política

Desesperación y espejismos

Era obvio. Y previsible. Los etarras quieren todo. Fase a fase. Y necesitan al otro lado debilidad, acomodamiento, cobardía, políticos pusilánimes y carentes de coraje para dar la batalla.

Seguramente no son pocos los españoles que entienden que estas alimañas ya demasiado le han arrancado al Estado de Derecho, que demasiado precio ha pagado la democracia después de tanta destrucción humana y material. Están equivocados. Estas malas bestias siempre reclaman más.

Y para no desesperar definitivamente necesitan un cambio de paso. A interlocutores que entiendan sus demandas y con los que rematar la faena después de más de medio siglo de actividad delictiva. Ésa es su meta y así debe interpretarse la exclusiva que hoy publica LA RAZÓN: desde la perspectiva de una banda diezmada, confundida, acorralada, con un buen número de peones en las instituciones, pero que ansía redondear una jugada que no le ha salido mal del todo. Menos si tenemos en cuenta la gran victoria que ha representado para estos despojos la anulación de la «doctrina Parot».

Pero todo tiene un lado positivo, una mirada favorable. Los ciudadanos de este país ya saben que hay un riesgo añadido si vuelven a darle el poder al PSOE. Esto es, la amenaza de un partido que –aupado de nuevo a La Moncloa– podría darles a los epígonos de Ternera, De Juana y compañía lo que demandasen, como lo demandasen y cuando lo demandasen.

Nosotros veremos. O corregimos las cosas que hemos hecho mal o regular en el combate antiterrorista o les entregamos el bastón de mando a quienes pueden, desde el buenismo y la miopía socialista, torcerlas irreversiblemente. No sólo la salida de la crisis. Estas pequeñas cuestiones que afectan a la libertad de todos también se dirimen en las próximas convocatorias electorales. Y no queda tanto.