Desmontando a Podemos

La Razón
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Ocurrió el martes. Muchos periodistas alabaron la puesta en escena del partido de Pablo Iglesias para protestar por la ubicación de los escaños que les habían correspondido en el Congreso: rueda de prensa en la calle con un pequeño mapa del hemiciclo, caras largas, y un discurso victimista que apelaba a la justicia, a la democracia, y a la ciudadanía. No es la primera vez. Es un lugar común ponderar lo bien que se llevan con la prensa en Podemos pero, dejando al margen la fascinación de muchos colegas por la izquierda, y sin entrar en los grupos mediáticos que les apoyan, la contestación de Pablo Iglesias a las preguntas de una periodista –en absoluto agresivas– aludiendo a su abrigo de piel, y la imposibilidad de disculparse al día siguiente cuando en otra emisora se lo reprocharon, me hace pensar en una visión un tanto sesgada del papel de los medios. Quizá por eso aquel comentario de Sandra Golpe (Antena 3), «nos van a dar pero bien», tras la emisión del vídeo del viaje a Venezuela. Porque claro, al que no es afín –y así ocurrió en las redes sociales– le cae la del pulpo. Pues eso tampoco es manejar bien la comunicación.

Otro tópico sobre Podemos es que son los únicos que tienen estrategia. Y es verdad que la tienen, pero eso tampoco quiere decir que siempre sea acertada. Por ejemplo, la sorprendente intervención del viernes de Iglesias reclamando su presencia en un Gobierno de coalición fue un gran error.

Otro aspecto que se repite como un mantra es la astucia de Pablo Iglesias. Incluso justifican que cambie de opinión en función del momento. O que pase de criticar los desahucios a reclamar cinco ministerios y la vicepresidencia sin pestañear. Pues no. Eso tampoco es discurso ni coherencia. Es algo que la historia nos recuerda cada vez que acudimos a sus páginas más tristes.

Pero sin duda la cuestión más llamativa del mensaje de Podemos radica en la idea de que son ellos –y sólo ellos– los únicos representantes del pueblo. Como si al resto de los partidos les hubieran votado marcianos. Quizá les cueste admitir que sus votantes son tan regeneradores como los que han votado al PP. Pero es que para eso hay que respetar las opiniones de todos. Eso es la democracia.