Diecinueve ovejitas

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En contra de la opinión del director de la prisión de Huelva, le ha sido concedido el primer permiso penitenciario al canalla más canalla de todos los canallas de la ETA. Le dicen «Txapote», en español, Chapote, y además de criminal, terrorista y salvaje, es un chulo engreído y orgulloso del manantial de sangre inocente que ha dejado a sus espaldas.

Asesinó al policía municipal de San Sebastián Alfonso Morcillo. Formó parte del grupo que siguió y asesinó a Gregorio Ordóñez y Fernando Múgica. Fue el gélido hijoputa que destrozó la nuca de Miguel Ángel Blanco veinticuatro horas después de ser secuestrado en Ermua. Asesinó a José Ignacio Iruretagoyena. Y a José Luis Caso Cortines y Manuel Zamarreño, concejales del PP en Rentería. Siete inocentes masacrados. En vista de ello, y en contra –insisto–, de la opinión del director de la prisión de Huelva, un bondadoso juez de Vigilancia Penitenciaria se ha apiadado de él y lo ha puesto en la calle para que pueda disfrutar del calor familiar.

Al asesino De Juana Chaos, para que no falleciera como consecuencia de una extraña huelga de hambre, le abrieron las puertas de la cárcel. Y De Juana, se abrió las puertas de Irlanda y posteriormente, con toda tranquilidad, se instaló en la Venezuela bolivariana de los asesores de Podemos. Al asesino «Ternera», también le facilitaron la huida, y ha sido visto en diferentes lugares. Los enterados de la salud de los terroristas aseguran que está enfermo. Que tiene cáncer. No lo creo. No hay cáncer capacitado para terminar con la vida de un homínido semoviente que no sufre ni padece. La bondad de nuestro Código Penal resulta insoportable. En Francia e Inglaterra, el tal Chapote jamás hubiera sido beneficiado por un permiso. En los Estados Unidos ya habría sido ejecutado. Y en Rusia, Irán, Venezuela, Cuba y hasta en San Marino, en cuyo territorio no hay espacio para una cárcel, se las habrían ingeniado para construir una cárcel exclusivamente proyectada para él. En España, disfruta de la bondad de un juez que duerme profunda y tranquilamente todas las noches.

Es el héroe de la banda y de los amigos de la banda, que son más de los que creíamos. Otegui le rinde sumisión. Y también los que se consideran amigos de Otegui, algunos de los cuales se sientan en el Congreso de los Diputados. Los de Alfon, Bódalo y demás violentos. Pero Alfon y Bódalo, al lado de «Chapote», son monjas recoletas, seres virtuosos y ejemplares ciudadanos. Cuidado con esta bestia que ha puesto en la calle, para que disfrute del calor familiar, un juez que duerme plácidamente todas las noches.

Que cierren los colegios y los institutos. Que se suspendan las clases en las facultades universitarias. Los jóvenes de uno y otro sexo están en peligro, porque la bestia no repara en cautelas ni en miramientos. Para llegar al norte, San Sebastián, hay que superar el sur, Vitoria, el sur de «Ocho Apellidos Vascos». Y pasará por Despeñaperros, Valdepeñas, Madrid, Somosierra y Burgos. Cuidado chicos, y cuidado chicas. «Chapote» se ha teñido en prisión el pelo de amarillo pollito, y algo intentará, pese al bromuro.

Cuando escribo, disfruta de una libertad efímera, pero libertad al fin y al cabo, uno de los criminales más perversos que ha dado el terrorismo etarra. Le deseo al señor juez que le ha concedido el regalo que duerma bien y que cuente ovejitas. Veinte ovejitas para conciliar el sueño. Es posible que en unos días, tan sólo queden diecinueve.