Autonomías

El cafelito

La Razón
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Quimi Portet se tomó un ferry para viajar de Formentera a Ibiza y en el trayecto le apeteció de pronto un cafelito. Se dirigió a Juanjo, un orensano jefe de cabina de ese barco de la empresa Balearia y se lo pidió en catalán. «En gallego, español, francés e inglés te entiendo; en catalán ya no». La verdad es que no estuvo fino Juanjo. Juanjo somos un poco todos nosotros, incapaces de acostumbrarnos a respetar las lenguas oficiales. La Constitución Española de 1978 dice en su título premilinar y en el tercer punto del artículo tres que «La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Pues, oyes, no hay tu tía. También somos Juanjo a la hora de resistirnos en ser especialmente educados.

Nunca está de más aclarar de manera respetuosa que no se habla catalán, e incluso me sobra el tuteo. Mal Juanjo en varios aspectos del episodio, vaya por delante. Es verdad que el jefe de cabina de este ferry trató de pedirle perdón después a Quimi Portet, pero parece que el músico tenía ya un morro que se le podía atar con una manta de Zamora, así que ni corto ni perezoso le hizo una foto a Juanjo, la subió a la redes y exigió a la naviera, con arroba de enlace incluida, que tomara medidas.

Es difícil tratar de que no se ofenda aquel que va por la vida con ganas de que pase, la verdad, pero lo peor es la foto. Tomar la foto, usarla sin permiso, subirla a las redes. Pasado de rosca y, por cierto, denunciable. Pero fíjense en la instantánea si tienen oportunidad: denota despiste y parece difícil imaginar que Juanjo se mostrara tan confiado si al otro lado de la cámara estuviera su cliente recién enfadado.

Está feo eso del clasismo, Quimi. Tan difícil de entender como tus discos, donde no hay manera de distinguir entre los temas.