El despilfarro de Sánchez

En la Moncloa no entienden porqué a estas alturas no están movilizados los votantes socialistas. Al contrario, la tendencia que se aprecia, mirando la evolución de los últimos meses, es la caída de la intención de voto del PSOE hasta alcanzar resultados por debajo de los obtenidos en el mes de abril.

Desde que el conflicto catalán ha tomado una vertiente violenta, la izquierda se ha parado y la derecha, especialmente Vox, ha subido algunos puntos. No es una novedad, ya a principios del 2018, cuando se vivieron momentos críticos en Cataluña, la suma de Partido Popular y Ciudadanos llegó a superar al bloque de izquierda en más de 10 diputados.

La violencia no va a parar. Las declaraciones de la presidenta de la ANC, encontrando al mismo tiempo utilidad y justificación a los actos de violencia en las calles cuando afirmó que “son estos incidentes los que hacen que estemos en la prensa internacional de una manera continuada”, indican que el independentismo ha iniciado una etapa de acción callejera al viejo estilo de la Kale Borroka.

Esta nueva perspectiva provoca una reacción en el nacionalismo centralista convirtiéndose en un trampolín para la extrema derecha. Sánchez ha endurecido su discurso, anuncia investigaciones y dureza con los violentos y se aleja de la petición de diálogo, limitándolo ahora al que debe producirse, en su opinión, entre catalanes.

Sin embargo, la estrategia es confusa porque lo que exige el electorado a los gobiernos son soluciones y la sensación que ha calado después del “procés” es que no las tiene.

El presidente en funciones tampoco entiende que haya fallado el relato construido escrupulosamente sobre la base de que las ambiciones de Iglesias y la falta de responsabilidad de Casado y Rivera no han permitido que se cumpliese la voluntad de las urnas. Sobre ese relato y sobre la incapacidad de la derecha de solucionar el problema catalán convocó elecciones.

Algo se ha torcido, desde el mes de junio se ha ido macerando la idea de que Sánchez no ha sido una víctima, sino el agresor y que si no formó gobierno fue porque no quiso. Es decir, el todos contra Sánchez se ha ido transformado en un Sánchez contra el mundo.

Además hay una diferencia importante de estas elecciones con respecto a las de abril. Entonces se enfrentaban dos bloques ideológicos, la derecha y la izquierda, en esas coordenadas clásicas al Partido Socialista le va bien. Sin embargo, la ruptura política y emocional de Sánchez con Iglesias ha roto la idea de un presunto bloque de izquierdas.

Esto tiene dos efectos, por un lado, afianza la idea de soledad y, por otro, desdibuja el eje ideológico en favor del nacionalismo periférico versus nacionalismo centralista. Este nuevo eje sí le permite a la derecha política aparecer como un bloque frente al independentismo.

Queda poco para ver si el 10N consolida a Pedro Sánchez como un líder con olfato que ve más allá que los demás o sencillamente ha despilfarrado su capital.