El equilibrismo pasa factura

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

140 carácteres, los de un tuit, son muy pocos para homenajear a Miguel Ángel Blanco. Esa red social ha sido sin embargo el medio empleado por el secretario general del Partido Socialista, Pedro Sánchez, para lanzar el siguiente mensaje en el 20º aniversario de su muerte a manos de ETA: «Aquel día todo un país se unió contra el miedo y se echó a la calle gritando libertad. Siempre en nuestro recuerdo». El tenso secuestro, un país entero clamando por su libertad y dos tiros en la cabeza que construyeron una historia dramática sólo han merecido ese recuerdo del secretario general del Partido Socialista a través de la red social Twitter. El precio del equilibrismo político de su jefe de filas lo probó este lunes en Ferraz la presidenta del partido Cristina Narbona. Le costó lo suyo (hasta tres preguntas de los periodistas), pero acabó afeando a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, su negativa a colgar una pancarta en honor de Miguel Ángel Blanco y, al mismo tiempo, eludió reprobar a sus propios grupos municipales, que se han negado a rendir tributo al edil de Ermua. Claro que antes de lanzarle el mensaje a Carmena, Narbona asumió la doctrina de Podemos: «Todas las víctimas merecen ser sin duda recordadas. El Partido Socialista está siempre con todas las víctimas».

Un mantra que también logró imponer la secretaria general del Partido Socialista de Euskadi, Idoia Mendia, al mismo Sánchez para justificar el rechazo de los socialistas en Bilbao a dar el nombre de Miguel Ángel Blanco a un espacio público en la capital vizcaína porque, según su entorno, «ninguna víctima es mejor que otra» y «todas merecen el reconocimiento». Una decisión difícilmente explicable, por más que la arropen con grandes palabras sobre Miguel Ángel Blanco («hito en la historia del terrorismo») y Cristina Narbona se desplace hasta Ermua junto a Patxi López para evocarle ante su busto de piedra. A los pies de ese monumento, tal vez el socialismo recupere la memoria de ese espíritu de Ermua que unió a todos los españoles de bien en julio de 1997, cuando el joven fue secuestrado, torturado y asesinado. Será una oportuna muestra de afecto a las víctimas, incluidas tantas del PSOE. Sí, todas.

Pedro Sánchez debió hacer suyo el inequívoco recordatorio de su alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, Abel Caballero, del «dramatismo» de aquel crimen que «nos marcó a cada uno de nosotros y a este país» y que representó un antes y un después en la movilización contra ETA. En efecto, aquellos días fueron una carga explosiva en la línea de flotación de ETA y el principio del fin de la banda asesina en su lucha contra la democracia. Caballero rompió, tal vez sin saberlo, la estrategia del PSE y, por extensión, de Ferraz, consistente en correr un tupido velo sobre alguien que es un símbolo de los verdaderos héroes del País Vasco. Que Mendia, con el respaldo de Sánchez, telefonease la semana pasada al mandamás de la FEMP para pedir explicaciones evidencia la dificultad que tiene hacer política sobre una cuerda de equilibrismo.