El PP, mal; el PSOE, peor

La Razón
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Los líderes populares europeos han venido a Madrid y han dado a Rajoy lo que muchos votantes españoles le niegan: el reconocimiento de su contribución a la mejora económica de España. Según me cuentan, el todavía presidente del Gobierno se siente incomprendido, a pesar de todos sus desvelos durante estos cuatro años, en los que su tensión arterial se ha disparado, a causa de los quebraderos de cabeza. No entiende, y en el PP tampoco, cómo es posible que, después de lo que dicen haber logrado en la vertiente económica, muchos votantes no se lo vayan a reconocer. Quizás deberían cambiar su planteamiento y hacerse la siguiente pregunta: ¿qué es lo que estamos haciendo mal para que no se valore adecuadamente nuestro trabajo durante la legislatura que ha terminado? Ahí van algunas respuestas: engaños como subir los impuestos en lugar de bajarlos, tal y como figuraba en su programa electoral; además, el encargado de la política fiscal, de cuyo nombre no quiero acordarme, anunció los dos «impuestazos» riéndose ante las cámaras de televisión y todo el mundo lo vio. ¿Respuesta de Rajoy? Mantener al innombrable. ¿Acaso alguno de los dos han pedido disculpas o perdón a los ciudadanos por incumplir la promesa o por las risitas? Que yo sepa no. Deben pensar en La Moncloa que esos gestos salen gratis. Puede que en lo anterior radique una de las causas de esa desafección de una parte de los votantes, en la soberbia, la prepotencia, la chulería y mirar por encima del hombro que ha caracterizado a una parte de este Gobierno y de la cúpula del PP. La única ventaja con la que cuentan es que, en el otro lado, en el PSOE, están peor: crean un problema, que no existía, con la cuestión religiosa, en lugar de buscar soluciones al paro, por no hablar de los nuevos «impuestazos». Unos, mal; los otros, peor.