El «rasca y gana» podemita

La Razón
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Comienza a dar la sensación de que son como ese inexperto pero suertudo jugador de mus, que, sin reparar en cuáles son sus cartas ni en las consecuencias del siguiente envite, dan un golpe sobre el tapete verde presentando un sonoro, pero inconsistente y poco creíble, órdago a la grande. Que nadie piense que Pablo Iglesias, líder de Podemos, se levanta por las mañanas con una idea de actuación política inmediata en la cabeza que vaya más allá de la ordenación y la elaboración de una escaleta –ocurrencias y golpes de efecto– para el informativo de turno en una emisora de radio, para un noticiero en cualquier cadena de televisión o siendo muy generosos en el paso de la táctica a la estrategia, para un programa magazine a emitir con mayor variedad de contenidos. Nos engañaríamos si le arrogasemos a la dirección de Podemos un mínimo interés por el sentido de la estrategia política. Ellos han llegado a este patio para aplicar lo que realmente saben y les gusta, unas técnicas de comunicación que están muy bien cuando se explican en el laboratorio «cheminova» de la facultad de Ciencias Políticas o cuando inundan las redes sociales, pero que en no pocas ocasiones acaban siendo el «rasca y gana» que acaba brindando –no siempre– muy puntuales beneficios en el corto plazo.

El resultado es una permanente improvisación en busca de la luminosidad de los focos mediáticos, que, en casos como el del más reciente anuncio de una moción de censura contra Rajoy, además de acabar siendo un balón de oxígeno para el jefe del Ejecutivo, dudosamente terminará por alcanzar el objetivo prioritario de reventar el proceso de primarias en el PSOE con un misil que, antes de alcanzar la estratosfera, ya ha comenzado a entrar en barrena. Presentar una moción de censura sin suma de escaños, sin candidato, sin conversaciones previas con otros grupos políticos y contra un presidente que apenas lleva siete meses en La Moncloa, demuestra que el «show» prima sobre cualquier otra consideración aun a costa de acabar calcinando como ocurre en el mundo de la televisión a alguno de los protagonistas. No hay más que echarle un vistazo a la trayectoria de Irene Montero como portavoz, breve, pero cargada de sonoros patinazos, alguno de ellos tan definitorio como confundir con cuotas la presencia de miembros de la dirección del partido en tertulias radiofónicas, como si un medio de comunicación tuviera que elegir entre sus contertulios a quienes le designe una determinada formación política.

Podemos tiene como primera meta volante en su «asalto a los cielos» conseguir que el PSOE, su competidor por la izquierda, agache la cerviz. Ya se hizo aprovechando en su momento la debilidad de Pedro Sánchez y ahora se intenta colándose en el proceso de primarias y por ende en el próximo Congreso Federal, pero ocurre que esta vez la «gracieta» en forma de moción de censura puede explotarle en la manos al francotirador antes incluso de que salga la bala. Son palabras mayores, no «tramabuses» ni vídeos susurrándole a un madero.