¿Es Felipe VI un valor seguro?

Lo sabemos todo de él, nuestro nuevo Rey: desde que le sigue costando madrugar, aunque ya no tanto como cuando tenía que ponerse cuatro despertadores alrededor de su cama, hasta que es un estupendo bailarín de salsa y un buen imitador. Me pregunto cómo debe ser eso de saber que todo el mundo conoce tus flaquezas y secretos desde la certeza, además, de que no te van a dejar pasar una. Pero la pregunta ahora sólo puede ser una: ¿es Felipe VI un valor seguro? Lo primero que se aprecia es que, al menos, su llegada trae ilusión a una sociedad que está hoy muy desesperanzada. No sé, es como si tuviéramos más holgura. Un mayor optimismo, ante una etapa nueva que se abre. Eso parecería, a la vista de la encuesta cuyo resultado traemos hoy a estas páginas. En las respuestas –recogidas de entrevistas realizadas telefónicamente– hay como un anhelo compartido de que su figura gane peso. La inmensa mayoría de los españoles cree al nuevo Rey. Y cree, con él, que España es una gran nación que vale la pena aupar, que merece la pena querer; por la que está más que justificado esforzarse, dar la cara. Si en algo hay coincidencia, es en que este nuevo Rey escuche mucho y comparta pensares y sentires, en que llegue a todos. Que no se haga notar por aspecto negativo alguno. Malo sería que eso sucediera. Pero importa lo que importa: recoger los mensajes de la calle. Esa es la clave. Este Rey será querido sólo si es capaz de entender que la economía no lo es todo, ni mucho menos. Que hay una honestidad innegociable, esa a la que se refería cuando hablaba de aquellos que se ven «heridos en su dignidad como personas»...

¿Es Felipe VI un valor seguro? Tendrá que demostrarlo, día tras día. Lo sabe él, lo sabemos todos. Hay que darle tiempo, confianza para que trabaje en una tarea siempre inacabada. La cuestión es que algunos, ni aunque resucite un muerto y les asegure que este Rey puede ayudar a resolver los vicios acumulados, creerían en él. Ese es el problema. El verdadero embolado en el que estamos.