Garzón de todas las salsas

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Bajo los focos y el ruido que envuelven al PP en los tribunales, emerge una corriente de fondo cada vez con más fuerza. Tiene que ver con Baltasar Garzón. El otrora superjuez inhabilitado por prevaricar. Su falta de remilgos incluso puso en peligro la investigación del «caso Gürtel». Un juicio en el que Francisco Correa, cabecilla de la trama, usó la última palabra para pedir, sorprendiendo al propio tribunal, el indulto de Garzón, además de ofrecer su «total colaboración» en las causas pendientes. Ese aviso a navegantes puso sobre aviso a Ricardo Costa, ex secretario general del PP de Valencia, quien, aconsejado por su hermano Juan, incorporó a su defensa al letrado Manuel Ollé, estrecho colaborador del ahora abogado Garzón, y a otros asistentes de su bufete. Luego Garzón no tuvo reparos en colmar de elogios en La Sexta al ex dirigente popular cuando puso en marcha el ventilador y salpicó a Génova 13.

Por otro lado, un amigo personal de Costa es Álvaro Pérez, «El Bigotes», cuyo abogado, José Javier Vasallo, tiene un pie en «Gürtel» y el otro en la «Púnica», en cuanto representante legal también del poderoso ex consejero de Madrid Francisco Granados, quien ha intentado manchar de basura a la actual presidenta, Cristina Cifuentes. ¿Con qué pruebas? De momento, ninguna. Los cabecillas de las tramas corruptas coinciden en esparcir podredumbre y, por si acaso, disparar hacia arriba. Cuanto más, mejor. Donde quiera que se reúnan dos o más togados o políticos, sus comentarios empiezan a situar a Baltasar Garzón como perejil de todas las salsas. Pocas dudas hay de que se trata de una de las personas con más ganas de enterrar al PP bajo un terremoto judicial.