Literatura

Godot no vendrá

La Razón
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«Yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social». En estos términos inauguraba en 1931 Lorca la biblioteca de su pueblo y hoy, casi un siglo después, esa llamada sigue siendo un aldabonazo sordo. La cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, es la gran olvidada del relato electoral. Por desinterés, por desconocimiento o por ocultación calculada desaparece de los discursos, de los debates, de la vida pública. Aquí no hay ideología, la creación siempre es incómoda para el poder y por eso los que quieren conseguirlo se esfuerzan en obviar una realidad múltiple y productiva (más del 3% del PIB). Porque habrá quien esquive la responsabilidad con eso de que la creación es libre, sí, pero no salvaje y por eso necesita marcos legales de dignidad y de respeto en los que nacer, crecer y expandirse. La cultura también necesita seguridad jurídica y decisiones políticas acertadas. Porque no es un éter, es el fruto del trabajo, la creatividad y el riesgo de artistas, empresas y públicos. Echando un vistazo a los programas electorales, en esta materia calcados del 20D, se coge el rábano por las hojas del IVA de los espectáculos y encontramos mucha «pluralidad» lingüística y de las que sea menester, algo de gratuidad y hasta organismos de control. No detallo de quién es cada cual porque todo es previsible. Invito a rastrear las propuestas y a acudir a las citas secretas en los rincones oscuros de los medios para encontrar voces y planes. Esto no es nuevo, es otra «conllevanza» patria. La política y la cultura tienen esa relación «esperpéntica» que nos ha dejado magníficos vertederos de colores vacíos, cumpleaños forzados con los siglos y hasta entierros celebrados muchos años después, con plañideros de pago y palmeros a compás del presupuesto. La ristra de necesidades es casi tan amplia como la de atrocidades perpetradas en nombre de la cultura y a la sombra de las burbujas. Lo que no tengo nada claro es que los pueblos pidan cultura a gritos, no los he escuchado...quizá los candidatos tampoco y por eso no nos quieren molestar alimentando ese otro «yo» que ni es máquina ni esclavo ni sectario, sólo votante semestral. Y disculpas por el «spoiler».