«Holywings»

En la noche de las brujas, los disfraces y atuendos del cine de terror, volvieron a multiplicarse por centenares de rincones de la geografía española. Halloween se convierte en un fenómeno de masas, pero también, es un termómetro que nos revela la pérdida de identidad y valores de muchos jóvenes de la sociedad. Un espectáculo tenebroso, que ha llevado al Obispado de Cádiz a prohibir distintas fiestas inspiradas en el fenómeno «Halloween», que habían organizado dos hermandades de la diócesis gaditana. Pero frente a todo este movimiento pagano, la Iglesia de España ha comenzado a promover una nueva tendencia bautizada como «Holywings». Se trata de invitar a los niños a disfrazarse de santos. Una iniciativa que nació en París en el año 2002 y con el que los obispos pretenden recuperar el auténtico significado del Día de Todos los Santos. La educación de los más pequeños en valores como la superación, la humildad, el sacrificio o el esfuerzo, deben permanecer siempre frente a las absurdas caretas de Halloween. En estos momentos, donde algunos nos quieren imponer las comuniones civiles o retirar la casilla de la declaración de la renta para la Iglesia, es de alabar la idea de acercar a los niños a la figura de los santos, a sus hazañas y hechos. Fue San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús, quien cambió su vida, tras una herida provocada por un cañón. El santo jesuita, al leer libros hagiográficos, decidió despojarse de su ropa de caballero para emprender el camino de la contemplación y de la ejemplaridad. Ya son varias diócesis las que defienden esta nueva fiesta cristiana entre mayores y niños. Una deslumbrante celebración que desborda ilusión, fe, esperanza y alegría. Soy de los que creen que la santidad siempre vence. Porque es eterna.