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Sin eufemismos, con contundencia y sin demagogia el Rey abordó anoche los problemas más graves que preocupan en estos momentos a los ciudadanos españoles: la corrupción, la dureza y duración de la crisis económica, el desempleo que afecta a jóvenes y a personas de otras edades, la situación en Cataluña, el desánimo colectivo y la desconfianza en las instituciones. Don Felipe hizo un diagnóstico certero de cuáles son las causas de esos problemas, expresó su más firme rechazo ante las conductas inadecuadas que los han generado y propuso al mismo tiempo una serie de fórmulas para superarlos y salir adelante en el futuro.

Al pronunciar la frase «debemos cortar de raíz y sin contemplaciones la corrupción», el Jefe del Estado no se limitó a condenar esa gangrena que corroe la vida pública sino que también recordó la obligación de todos de «evitar que esas conductas echen raíces en nuestra sociedad y se puedan reproducir en el futuro». Y, por si quedaba alguna duda, el Monarca explicó el porqué de esa petición al decir que los ciudadanos necesitan estar seguros de que el dinero público se destina a los fines previstos, saber que no existen tratos de favor por ocupar un cargo público y que desempeñarlo no sea un medio para enriquecerse.

El Rey manifestó su comprensión por la indignación y desencanto que provocan las conductas alejadas de las que se esperan de los servidores públicos y resaltó, frente a ellas, la necesidad de referencias morales, principios éticos y valores cívicos. En definitiva, don Felipe reivindicó un gran impulso moral colectivo para lograr una profunda regeneración de la vida de los españoles. En ese repaso del Rey por la corrupción, el problema que más preocupa a la opinión pública según la encuestas más recientes, no se olvidó de subrayar la honradez de la gran mayoría de los servidores públicos ni tampoco de recordar que los responsables de conductas irregulares ya están respondiendo de ellas. Una frase, esta última, que algunos interpretan en clave familiar, dado que tanto la Infanta Cristina como su marido, Iñaki Urdangarín, tendrán que ser juzgados dentro de unos meses por conductas presuntamente delictivas.

Los altos niveles de paro fue otro de los asuntos al que el Monarca dedicó parte de su mensaje navideño. Frente a la preocupación social provocada por la incertidumbre de muchas familias ante el futuro, Don Felipe propuso no dejarse llevar por el desánimo sino afrontar con firmeza y eficacia las causas de esos problemas para resolverlos . Para el Rey, la lucha contra el paro debe seguir siendo la gran prioridad y para lograrla propuso también que los responsables políticos, económicos y sociales trabajen unidos en esa dirección.

Cataluña, para el Rey, es, sobre todo, un problema de sentimientos. Y sobre la situación en esta Comunidad, don Felipe fue contundente al afirmar que «me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales, desafectos o rupturas entre familias, amigos o ciudadanos». Propuso el Jefe del Estado «un esfuerzo leal y sincero» de todos, el respeto a la Constitución y evitar «los desencuentros que no se resuelven con rupturas emocionales o sentimentales». El nuevo Rey, en un discurso de intenso contenido, dio las gracias por sentirse querido y apreciado en los últimos meses, subrayó la seriedad y dignidad del proceso de abdicación y de su proclamación como Rey y terminó con un llamamiento a la esperanza de los españoles para superar todas las dificultades. Una tarea en la que prometió estar junto a todos, como primer servidor que es de los ciudadanos.