Inversión extranjera: oportunidad para España

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Los datos de inversión extranjera en España y nuestra en el exterior en 2016 ponen de manifiesto la oportunidad de consolidarnos como destino preferente de los inversores internacionales –en especial de los países de nuestro entorno–, en los próximos años, y de aumentar nuestra presencia en mercados maduros que ayuden al crecimiento y consolidación de nuestras grandes empresas. Pero también indican los riesgos que corremos si no hacemos las cosas bien.

Los datos señalan que la inversión extranjera cayó un 1,2% en 2016 –lo que no ocurría desde 2012–, si bien la inversión extranjera a nivel mundial entre un 10 y un 15%, lo que tampoco ocurrió en los últimos 20 años. Nuestro primer inversor fue EE UU, que aumentó su inversión un 126%, siendo el mayor incremento el de Alemania. En cuanto al reparto interno la Comunidad de Madrid acaparó el 46,7% del total, con un incremento del 6,3%, seguida de Cataluña con el 20,7%, disminuyendo el 1,3% con respecto al año anterior. Si bien la comparación anual de la inversión es discutible pues no juega la recurrencia, las circunstancias cambian y las operaciones singulares desequilibran, las tendencias evidencian datos a tener en cuenta.

La elevada caída de la inversión entre un 10 y un 15% a nivel mundial se debe, entre otras razones, al desconcierto ocasionado por las políticas anunciadas por el presidente Trump, la incertidumbre ante las próximas elecciones en Alemania y Francia, el impacto del Brexit duro, y la evolución de alguno de los conflictos que estamos viviendo. De cuáles sean los resultados de todo ello dependerá que la caída se consolide o cambie en los próximos meses.

En cuanto a España, esa reducción del 1,2% se debió a la inestabilidad política hasta la formación del Gobierno. Pese a todo, su incidencia fue menor en comparación a la caída a nivel mundial, lo que indica el interés que despierta nuestro país por su crecimiento económico superior al del resto de Europa, y pone de manifiesto que, si tenemos un Gobierno estable, unas políticas económicas y fiscales que permitan consolidar nuestra economía y seguir creciendo por encima de nuestros socios, estaremos en mejores condiciones que nadie para captar cada vez más inversión extranjera, lo que nos ayudará a consolidar la recuperación, el crecimiento y el empleo, y a reforzar nuestro peso a nivel europeo y mundial.

Relevante es también que el inversor que más ha crecido sea EE UU, un 126%, pues ante las nuevas políticas de la administración americana España puede jugar un papel de socio preferente que se beneficie de la capacidad económica de los EE UU y de lo que eso implica para reforzar nuestro peso en el contexto internacional. Y significativa es la apuesta de nuestros inversores por Reino Unido, lo que indica confianza en que el Brexit no impida unas relaciones económicas sólidas en beneficio mutuo, lo que nos exige una negociación inteligente para reforzar esa situación.

Respecto a su distribución interior, se sigue evidenciando cómo la aventura independentista tiene un coste en términos de inversión y de pérdida neta de empresas para la economía catalana, que crece en tanto sigue como prioridad política de sus instituciones.

Los datos ponen de manifiesto que las políticas económicas no son indiferentes al dinero, y que si queremos jugar un papel relevante a nivel económico e internacional tenemos que hacer reformas y aplicar políticas que nos sigan haciendo más atractivos y fiables que los demás, lo que nos ayudará a corregir nuestros desequilibrios, consolidar nuestro crecimiento y la creación de empleo, y colocarnos entre los países que deciden en el contexto internacional. Estamos en buena posición para lograrlo si así lo hacemos. De lo contrario, la inversión irá allí donde dichas condiciones se den. La responsabilidad no es sólo del Gobierno, es de todos, partidos e instituciones. Tengámoslo en cuenta para exigirles a cada uno su responsabilidad.