Política

Irresponsables, insaciables

La suerte y la estrategia van de la mano en los juegos de mesa, y no con escasa frecuencia también en la política. Y ahí está Artur Mas. Aplicando sus tradicionales reglas para seguir comiendo fichas, contando casillas, despreciando las coordenadas más elementales del sentido común y desafiando por enésima vez a un Estado de Derecho cuyos rudimentos y engranajes no deberían ser tocados por el gamberrismo.

¿Cómo es posible que a un dirigente sensato se le ocurra cerrar quirófanos para seguir al mismo tiempo abriendo embajadas de la señorita Pepis? ¡Pues lo es! Porque los separatistas catalanes vuelven a dejar a las claras –siempre hay algún incauto que no se convence– dos rasgos de su carácter básicos y lamentables.

El primero es que son insaciables. Nunca es suficiente a la hora de provocar a España y a los españoles, de afrentarnos, de remar en la dirección contraria al interés general. Y si hay que poner en marcha un Ejército paralelo y desleal de diplomáticos, se hace, y punto. El segundo aspecto tiene que ver con su irresponsabilidad. Son incapaces –y además no les da la gana– de medir las graves consecuencias de sus actos. Porque a fin de cuentas lo echan todo a la inmunidad y a la impunidad, y por desgracia no les ha salido de momento del todo mal. Pero la partida no ha acabado.

Es intolerable que, con el crédito internacional por los suelos, con las arcas regionales tiritando, con un Montoro (o sea, con los ciudadanos) sufragando todas las políticas de CiU, los soberanistas sigan echando leña al fuego con el pretexto ahora de que en meses hay elecciones. Se estrellaron en las urnas de mentira. Y van camino de estrellarse en las de verdad. ¿Apostamos?