José Ignacio Wert

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Nunca un hombre tan experto en comunicación ha sido tan maltratado por la opinión pública. Seguro que algo no ha hecho bien como ministro de Educación y Cultura, pero choca su esforzada actuación pública en circunstancias difíciles con el calibre de la crítica. Entre unos y otros han convertido a José Ignacio Wert en una caricatura de sí mismo, en un muñeco de trapo. Su nombramiento como embajador en la OCDE ha desatado los últimos demonios contra él y contra el que lo ha nombrado. Ni siquiera se respeta su vida privada. Se afirma que Wert ha sido el peor ministro de la democracia. Observando la larga nómina, incluido algún presidente, no le corresponde a él, ni de lejos, el farolillo rojo del pelotón. En esto del aprecio de los políticos ocurre algo extraño. La valoración de los líderes, si se trata de personajes del PP, aparece siempre muy por debajo de los de los otros partidos, aunque éstos sean personajillos insignificantes, más o menos «frikis», de partidos casi extraparlamentarios, y el Partido Popular encabece la intención de voto. Algo falla. O la elección de la muestra o la inquina contra la derecha y falta de objetividad de los partidarios de la izquierda o la existencia en el actual partido gobernante de un desequilibrio evidente entre el proyecto y sus líderes. A Wert, de 65 años, alumno del selecto colegio del Pilar, que estudió Derecho y Sociología Política, que ha trabajado en RTVE y en el CIS y es el fundador de Demoscopia del grupo Prisa, nadie le puede echar en cara sus orígenes políticos. Fue antifranquista. Militó en Izquierda Socialista hasta su incorporación a UCD en 1977 y a pocos les extrañó su nombramiento para emprender la necesaria reforma educativa. Se ha esforzado en ello en las peores circunstancias. Los recortes, la huelga general, las mareas, la supresión de Educación para la Ciudadanía, la clase de religión, el IVA cultural... todo ha ido en su contra. Sobre todo, la fuerte ideologización de la enseñanza cuando más falta hacía llegar a un gran pacto educativo. Este hombre no ha contribuido a ello. Los que le critican, tampoco.