La broma

La Razón
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Una, que ya saben Vds es una chisgarabís muy importante, se sintió como con el cuerpo cortao después de escuchar la broma telefónica a la que sometieron el otro día unos compañeros de una radio catalana al presidente en funciones, Mariano Rajoy, haciéndose pasar por el president Puigdemont. Una, a pesar de ser indigente intelectual, de vez en cuando da clases en un máster de radio para chicos y chicas recién licenciados, a los que tratamos, entre todos los profesores, de inculcar el amor por el medio, el respeto por su lenguaje y la buena praxis. Pero, hete aquí, que ahora hay nuevas formas de hacer periodismo, amiguitos. A veces consiste en llamar a un personaje importante para colársela, en llamar o parar por la calle a señoras y señores del común de los españoles. En ocasiones para meterles en un brete, para preguntarles el significado de una palabra o de un asunto de actualidad y hacer de las respuestas incorrectas un chiste, una mofa, un ratito de risas enlatadas. Siempre les digo a los alumnos que tengan mucho ojo y mucha suerte, porque si, por casualidad, una de esas señoras a las que van a ridiculizar resulta que es mi madre, me voy a comer su hígado. La incomodidad que produce escuchar a un engañado es de las que te cortan el rollo. Vaya por delante que estoy convencida, después de oír la broma, de que a los propios compañeros de esa radio les produjo la misma sensación de malestar. Se les nota al balbucear las disculpas, sobrepasados por la consecuencia que habían provocado. Lo curioso de todo esto es que el que sale ganando es Rajoy. Porque mientras cree estar hablando con Puigdemont es afable, amable, y cercano, pero cuando le cuentan la verdad su reacción es mesurada, seria pero muy mesurada. Si yo fuera Puigdemont, no habría desaprovechado para llamar a Rajoy. Y si fuera Rajoy me pensaría por qué siendo un señor tan dialogante parezco lo contrario.