Política

La comisaria sueca y los «progres»

Las críticas de la comisaria europea de Interior, la sueca Cecilia Malmström, por la tragedia de Ceuta son tan lamentables como un fiel reflejo de una arrogancia exasperante. Desde su cómodo y bien retribuido destino arremete contra el Gobierno de un país miembro de la UE como si fuéramos una nación del Tercer Mundo a la que se tiene que llamar al orden. He de reconocer que me divierten estos «progres» con nóminas bien abultadas y pensiones millonarias a cargo de los contribuyentes europeos que esgrimen su superioridad moral desde los lujosos despachos de la burocratizada Comisión Europea. Suecia no es la frontera sur de la Unión Europea, como le sucede a España, y algunos de sus dirigentes muestran una tendencia irrefrenable a sentirse superiores a los países del sur, aunque les gusta mucho nuestro sol. El otro día me llamó un buen amigo y me dijo con ironía que España debería actuar como hicieron los suecos durante la Segunda Guerra Mundial, que miraron hacia otro lado mientras los alemanes invadían Noruega y sus tropas pasaban por su territorio. La neutralidad sueca fue un descarado colaboracionismo, aunque al final del terrible conflicto decidieron ser muy humanitarios. Es uno de esos episodios oscuros de la Segunda Guerra Mundial. España debería inspirarse en esa concepción sueca de la neutralidad y enviarles las decenas de miles de inmigrantes que están en las fronteras de Marruecos y Mauritania para que Cecilia Malmström pueda ser muy solidaria en su propia casa. A la comisaria de Interior le sucede lo mismo que a nuestros «progres» nacionales, encabezados por el Gran Wyoming, que se creen que están en un concurso de mises. Es muy fácil ser «progre» y millonario, porque se puede mostrar una gran sensibilidad social y dar lecciones desde la atalaya de una casa lujosa. En los concursos de mises hay que decir que se está muy preocupada por la paz en el mundo, el hambre y los conflictos. Una vez realizadas estas afirmaciones conviene tener alguna idea y propuesta. El problema es que no las tienen más allá de los tópicos. No conozco a nadie que no se sienta conmovido por la tragedia de Ceuta, pero me parece increíble que la izquierda sea capaz de utilizarla por motivos partidistas. No le interesa la verdad sino atacar al Gobierno y a la Guardia Civil, aunque se llenan la boca diciendo que la respetan y la apoyan. Los «progres» de la «gauche caviar» de nuestro país deberían explicar cuál es su política de inmigración, porque hay 30.000 inmigrantes en el norte de Marruecos y otros 40.000 en Nuadibú (Mauritania). ¿Hay que abrir las fronteras? La polémica que ha montado la izquierda ha tenido como consecuencia que se asalte la valla y veremos cómo se incrementa la presión. Con la inestimable ayuda de Malmström, no hacen otra cosa que provocar un inquietante efecto llamada. Es evidente que es un problema europeo, pero de momento lo pagamos los españoles y en la Comisión se hacen muy bien el «sueco». Los «progres» ricos como el Gran Wyoming deberían acoger inmigrantes en su casa y así mostrarnos que son muy sensibles y coherentes con su izquierdismo de salón.