La estrategia del centro

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Como sabemos, una coalición entre los grandes partidos de centro derecha y centro izquierda es prácticamente imposible en nuestro país. Pero aunque sea así, por la idiosincrasia y los intereses de las elites partidistas, y como estamos en una semana crucial para el futuro inmediato de España, conviene saber lo que vamos a sacrificar en el altar de los intereses y la idiosincrasia de esos partidos. Una coalición permitirá consolidar la salida de la crisis iniciada hace dos años y que tan excelentes resultados está teniendo. Permitirá también poner en marcha algunas de las reformas sobre cuya necesidad hay acuerdo, como son la de la enseñanza o la de la financiación autonómica, y podrá dejar la de la Constitución para un futuro no muy lejano, cuando se haya construido el consenso necesario. Sacará a nuestro país de la deriva marxista-cantonalista en la que está embarcado sin remedio aparente, con consecuencias siniestras en la economía, en la cohesión social y en la autoestima de los españoles. Y nos colocará donde debemos estar en el terreno internacional: en la Unión, como un país incorporado a la cultura del pacto, la negociación y el consenso, y ante América Latina, como un modelo ahora que la ola populista está retrocediendo allí. Un pacto entre los partidos de centro devolverá la vida política al lugar que le corresponde en una democracia liberal desarrollada. Como llevamos años de demagogia noventayochista, regeneracionista y juvenilista, es seguro que en un primer momento padecerá el prestigio de los partidos implicados, que serán acusados de pasteleo y tibieza, cuando no de sostener un régimen de oligarquía y caciquismo. El prestigio se recuperará pronto, en vista de los resultados que un pacto de coalición traerá. A medio plazo les devolverá la autoridad de la que ahora carecen, al haberse dejado robar –el PP– el centro político y –el PSOE– al haberse alejado de él. Volver a ocupar el centro, argumentar desde el centro, articular la acción política desde ahí, es la mejor forma de responder a las expectativas de un electorado que mayoritariamente (súmense los resultados de PP, PSOE y Ciudadanos) ha respaldado políticas de continuidad y de reforma. No se hará así, está claro. Los partidos se disponen a someter a nuestro país a tensiones brutales y ellos mismos lo pagarán muy caro de aquí a poco tiempo. En las elecciones anticipadas, sin ir más lejos.