La infalibilidad de la Junta

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Afirmar que la Junta es infalible era hasta ayer una verdad que adquiría rango de ley natural en el Parlamento. En ese tiempo, las decisiones del Gobierno eran poco menos que dogmas sobre los que reposar un corpus normativo a la medida socialista. Así ha sido durante décadas. De ahí que sobre la infalibilidad de la Junta, hasta ayer mismo, no podría haber rechistado ni el creyente ni el agnóstico ni el ateo. Sin embargo, la X Legislatura se ha posado en una bancada coloreada hasta el paroxismo, justo como las monturas de las gafas que gasta el consejero de Empleo, Sánchez Maldonado. El catedrático no tuvo su tarde en el Parlamento. Pretendía que el Pleno convalidara el decreto-ley de medidas urgentes para favorecer la inserción laboral pero le llovió una cuádrupla negación: IU, Ciudadanos, Podemos y PP. Luego cantó el gallo, se hizo de día y la carroza se transformó en una calabaza fabulosa. La sesión del miércoles estuvo animada. Los aliados Ciudadanos, inesperadamente críticos, habían elevado los decibelios y el consejero, algo displicente, aceptó el primer sopapo serio del año con la papada de todo un Ejecutivo. El reproche de los cuatro grupos de la oposición consistió en lo mismo: la inclusión de una inesperada disposición adicional por la que se atribuían tareas administrativas al personal laboral de la Fundación Andaluza de Fondo de Formación y Empleo (Faffe) empotrada en el SAE. Ahí es nada. La Faffe, actualmente investigada por la policía judicial, es plato de difícil digestión. Las tragaderas fueron del consejero y profesor, no ajeno a ciencias y teorías. Por eso no le costará asumir que hasta el mismo Popper habría admitido refutación a eso de que la Junta era infalible.