Política

La letra menuda de Juan Vicente Herrera

Es humilde. Esforzado y honesto en gran manera, es decir, inteligente. Anticipativo y recio. Juan Vicente Herrera, se sabe querido por sus paisanos. Su candidatura a la Junta de Castilla y León, ha sumergido –no sólo a los populares, sino a toda la región–, en el alivio y la ilusión. Herrera representa lo mejor de la familia pepera. Buena gente, indiferente a los oropeles del poder, lo único que busca este burgalés de 59 años, es servir y ser útil. El propio Rajoy lo ha dicho en más de una ocasión. La última, en Segovia, hace apenas unos días: «Gente como él es lo que yo quiero en este partido». Juan Vicente Herrera, siempre a la greña con esa tropilla de interesados que inevitablemente pululan en los aledaños del poder, ha logrado, hasta ahora, mantenerlos a raya. Ahí si no se anda con contemplaciones, para desconsuelo de algunos.

Otra cosa bien distinta es cuando conviene desprenderse de algún colaborador inepto. Le cuesta Dios y ayuda. Compañeros de partido, que ven en él a un personaje recto y escurridizo al que no pueden ordeñar como quisieran, lo aborrecen y despellejan en privado. Aunque sean tan trapaceros de deshacerse luego en elogios. No sólo en el PSOE hay zancadillas y navajazos. Pero, en la calle, aquéllos que a su trabajo acuden y con su dinero pagan –en el sentido machadiano de ser y de sentir–, le veneran. Su mejor baza es la cercanía y el empeño por resolver los aprietos cotidianos. La letra menuda del vivir. «A mí Herrera me encanta», dice la vallisoletana Soraya Sáenz de Santamaría. En recientes encuestas –esas que los partidos suelen hacer, de tapadillo, para que no les pille el candidato con el pie cambiado–, sucedió que comprobaron estremecidos que, si el cabeza de lista era Juan Vicente Herrera, el PP podía revalidar la mayoría absoluta. En caso contrario, la perderían, sí o sí. Y, «frito se come, gallina lo pone».

No es momento de aventuras. Hombre entrañable en su timidez bien disimulada, en Burgos –la ciudad que le vio nacer–, todo el mundo se dice amigo de Juanvi, como se le conoce cariñosamente. Pero es mentira. Una cosa es que guste compartir el calor de los suyos y, otra muy distinta, que sea persona de desbordada camaradería, como gustan mostrarlo los arriolas con denominación de origen castellano y leonesa del PP. Algo que no es cierto. Sus amigos son pocos. Muy cercanos eso sí los que de verdad lo son, pero escasos.

Herrera es el mayor de cuatro hermanos, uno de los cuales murió en plena juventud. Luego vinieron otros desgarros. La vida le ha golpeado, algo que le fortalece. «Quien no ha sufrido, no sabe de nada», advertía aquel descalzo abulense al que los Calzados llamaban «frailecillo de risa». Con una concepción casi mística del servicio público, Juan Vicente Herrera es un grandísimo muñidor de acuerdos, que puede darse el gustazo de haber puesto en marcha una mesa del Diálogo Social modélica, que otros presidentes autonómicos envidian y hacen lo posible por imitar. Castilla y León es una de las tres comunidades de la España autonómica donde bajó la población en riesgo de pobreza o exclusión, desde el inicio la crisis, el año 2009.

Su Sistema de Atención a la Dependencia, es el más valorado de nuestro país. Ha llegado a conseguir un 9,6 de nota, mientras otras once autonomías suspendían. Las castellanas y leonesas disponen de comisiones de seguridad para reforzar la protección de las víctimas de la violencia machista, sin necesidad de que presenten una denuncia y una Red de protección a la familia y de servicios sociales, que ha suscitado el interés de otros países de la Europa de la Unión.

Pero hay más: el desempleo bajó en Castilla y León en más de 13.000 personas durante 2014. Su sector agrario, ganadero e industria agroalimentaria se sitúa en la vanguardia europea. Tras casi catorce años al frente de la Junta, el Gobierno Herrera ha aportado crecimiento, empleo y riqueza. Paz social. Algo que reconoce más de uno que jamás le votaría. De ésos que antes muertos que con el PP.

El Gobierno Herrera ha situado a su comunidad como líder en turismo rural; ha dado un vuelco a la salud, con nuevos centros asistenciales en Burgos y Valladolid y la mejora de los hospitales clínicos universitarios de Salamanca, León y Zamora. Leal, pero contundente a la hora de defender los intereses de su tierra, ha plantado cara al Gobierno de la nación cuando ha hecho falta, por más que fuera de su partido, como sucedió hace algunas semanas cuando se enfrentó abiertamente al ministro Montoro, a su voracidad recaudatoria. O cuando materializó un acuerdo para que ningún universitario que cumpliera los requisitos académicos y económicos se quedara sin beca.

Juan Vicente Herrera mantiene, contra viento y marea, el pacto social alcanzado con sindicatos y empresarios, desde el inicio de su mandato y una Renta Garantizada de Ciudadanía, por un principio de «valor cívico, que no es estética ni pose». En la popular familia, –tan dada al reproche– le afean que parezca socialdemócrata. Algo que a él le deja frío. «A mí lo que me importa es el entendimiento y que esto marche», responde. ¿Quién dijo que no hay políticos que aúpen la vida día tras día, que la levanten peldaño a peldaño?