La pastilla no es la solución

Baja el consumo de drogas, es una gran noticia. Empero, el de tranquilizantes se incrementa un 60%. Somos una sociedad que está de los nervios. Recurrir a la química, para despistarnos de los problemas que nos quitan el sueño o marean nuestra tranquilidad vital, es un recurso-atajo que, a corto plazo permite obtener los beneficios deseados de bienestar emocional. Sin embargo, a la larga es ineficaz, ya que el problema que altera nuestra tranquilidad sigue sin solucionarse. Nuestros asuntos vitales no se resuelven dándole a la pastilla, sino encarando los miedos y aprendiendo a manejar los asuntos que nos desestabilizan. Como «coach», enseño a ver «la vida en Rosetta» (mi «Escuela de emociones»), esto es, a llevar las riendas de nuestra vida. Obviamente, asumir la responsabilidad sobre los resultados no deseados, echar de nuestra vida personas, situaciones y actitudes que nos complican la ídem, cambiar conductas, modificar nuestro sistema de creencias (forma de pensar y de valorarnos) son tareas que muchas personas no están dispuestas a emprender porque llevan mucho tiempo, prefiriendo las pastillas porque son de efecto inmediato.

La inmadurez emocional –que empieza a tener rasgos de patológica, en mi opinión, en este siglo XXI–, impulsa a las personas a buscar satisfacción inmediata sin pararse a considerar las consecuencias a corto, medio y largo plazo. Aprender a partir de nuestros errores, aprender a aceptar la realidad, practicar el «nadie nos hace nada que no consintamos», vivir la vida acorde a nuestra escala de valores y posibilidades pasando de lo que hace el vecino nos hace inmunes al terrorismo psicológico al que la sociedad nos somete cada día, y que nos mantiene en constante competición con nosotros mismos (lo cual genera mucha ansiedad). Vive y deja vivir, cuando la vida te de calabazas, déjate de pastillas, y ponte las alas.