La primera piedra

Ni Elena Valenciano, ni Tomás Gómez, ni el liquidador de IU, Gaspar Llamazares, pueden tirar la primera piedra contra el PP porque ninguno de ellos está libre de culpa. En realidad, no hay nadie en el mundo político e institucional que pueda alzar la voz con autoridad moral para acusar al adversario de corrupción. Simplemente con hacer un poco de memoria o visitar la hemeroteca a todos los españoles nos pueden salir los colores. Ahora le ha tocado el turno a los populares con el turbio asunto de su ex tesorero y los supuestos sobres de dinero negro. Dinero ilegal, como lo calificó la número dos del PSOE, que se ha olvidado de «Filesa», los Fondos Reservados, los ERE de Andalucía, el «caso Campeón» y no sé cuántas irregularidades más de las que ha sido protagonista su partido en las últimas décadas. Pero está claro como el agua que una mano no lava la otra, y los populares tienen que reaccionar con la máxima contundencia y transparencia si no quieren que todo se venga abajo con el estruendo de un edificio, el institucional español, que sufre de una aluminosis aterradora. El PP, que hace poco más de un año recibió el mandato de los españoles de poner la casa en orden, después de ocho años de descojone total, tiene el deber de tirar de la manta que lleva años y años cubriendo corruptelas en aras de preservar el frágil equilibrio político conseguido en los años de la Transición. Acabar con los chanchullos que impregnan la vida pública española es la gran asignatura pendiente. El verdadero pacto de Estado que necesita España. Si populares y socialistas no se ponen a ello, y siguen jugando al corto plazo, a los constantes cálculos electorales, les pasará lo mismo que a las liebres que discutían sobre si eran galgos o podencos los perros que las perseguían.