Liderazgo en el deporte

Por supuesto no descubro nada. El liderazgo no es exclusivo del mundo de la política, de la empresa o del propio militar. No obstante, las raíces y comportamientos del líder y su entorno tienen muchos rasgos comunes. El Atlético de Madrid acaba de brindarnos un ejemplo de cómo, con un buen liderazgo, se alcanzan metas que, a priori, parecen inalcanzables. Y cito al club, aunque en estos momentos, todos orientemos el foco sobre su entrenador, Simeone, a quien le doy un enorme mérito. Me recuerda a los grandes capitanes de empresa y militares que arrastran, contagian, triunfan ante cualquier adversidad. Napoleón convenció a sus soldados de que todos llevaban en el morral el bastón de mariscal. Pero le concedo un gran mérito al club que, en primer lugar, supo elegirle tras las consecuencias de aquella travesía del desierto de la Segunda División a comienzos de 2000; que ha superado una intervención judicial y amortigua una deuda considerable que le ha obligado a vender a alguna de sus «joyas», pero que ha sabido reencontrar sustitutos; que ha dosificado con equidad retribuciones y primas sin recurrir a premios insultantes para unos pocos que rompen la cohesión. Directivos que en el momento del éxito han sabido retirarse por el foro, dejando todo el protagonismo al cuerpo técnico y a los jugadores, reforzando con ello, sin sombras, el liderazgo del entrenador y de sus capitanes. Bonita palabra esta última, extraída del mundo de la milicia.

Pero, a efectos de analizar los valores que envuelven al líder, constatamos que en este caso no proceden de ningún premio Nobel, sino de una persona curtida en la universidad de la vida, que ha sabido aprender de sus fracasos, que sacrifica vida familiar, que estudia, analiza, profundiza cada reto hasta la obsesión. Y si se le lesiona, desfallece o falla un jugador, sabe aparentar comprensión y estímulo: palmada, aplauso, ánimo. «Necesito recuperarte»; «necesitas que te necesite», parece imbuirles. Su comportamiento parece salido de un manual militar sobre liderazgo o extraído de la esencia de nuestras ordenanzas: voluntad de vencer; acción de conjunto; actitudes por encima de aptitudes.

Mi enhorabuena más sincera. Y le considero con suficiente inteligencia emocional para asumir que el 1-1 del Nou Camp podía haber variado en un instante, por una mano ino-portuna en el área, un error arbitral o la genialidad de un jugador contrario. Le diría Kipling:

«Si tropiezas con el triunfo, si llega tu derrota.

Y a los dos impostores tratas de igual forma».

Porque entre la gloria y el infierno puede haber un solo paso, un solo segundo. Pero estoy seguro que ante la derrota hubiera asumido, animado, como diciendo «no se acaba aquí el mundo». No puedo evitar tampoco citar el comportamiento ejemplar del público del Nou Camp. También dio una lección.

Sabe Simeone que, ante fracasos deportivos, los mismos que le adulan le gritarían desde las gradas un «vete ya», porque la componente visceral de los forofos hace olvidar con demasiada frecuencia su componente inteligente. También le diría Kipling:

«Si la calma es contigo,

cuando todos la suya han perdido

y afirman que tu tienes la culpa».

Gracias Atlético por esta lección de liderazgo que tiene la indiscutible fuerza que conlleva el mediático mundo del fútbol. Vienen pregonando esto mismo hace tiempo Amando de Miguel o José Antonio Marina, y son verdaderos líderes los médicos capaces de dirigir un equipo que trasplanta dos brazos a un electricista en La Paz. Pero no tienen el eco como el que proporcionan en este caso, 700 peñas y casi 800.000 seguidores atléticos en las redes sociales. Son los del «latido a latido», el «step by step» de los sajones; los que valoran el sacrificio, el esfuerzo y el trabajo, comprobando que con ellos se puede alcanzar el triunfo, incluso en tiempos de grave zozobra moral. Dirigido a los jóvenes este ejemplo no tiene precio.

Si todos los políticos de nuestra patria, si todos los funcionarios, si todos los empresarios, maestros, alumnos, trabajadores, sintiesen el estímulo y la ilusión como la que ha sabido conectar Simeone a sus jugadores, extrayendo de sus comportamientos los factores mas positivos y amortiguando los negativos en el trabajo de grupo, conoceríamos otra España. No en balde a esta conjunción de esfuerzos dirigidos por un «capitán» le llamamos en el Ejército unidad. Y aunque el Atlético tenga en sus genes –aparte del sentido de «pupas»– raíces castrenses procedentes de nuestros hermanos del Ejército del Aire, no tiene la exclusiva. Muchos equipos más modestos utilizan las mismas herramientas. Lucen menos porque andan a trancas y barrancas con la clasificación. Pero el mérito es el mismo aunque no tengan autobús descubierto que les lleve a pasear triunfales ante sus incondicionales. Vaya por todos ellos, Atlético al frente, mi respeto y homenaje.