Los cenizos

No son unos aguafiestas porque con seis millones de parados España no tiene nada que celebrar. No es éste momento para descorchar botellas por la simple razón de que todavía perduran los efectos de un dolorosísimo resacón. Pero nuestras élites sindicales están en lo que siempre han estado: en lo suyo y a lo suyo. Son unos cenizos, esa clase de personas a las que se les atribuye mala sombra, las desafortunadas, las que con su presencia acarrean mala suerte a los jugadores. Y este país no está para gafes ni para que cada «lobby» haga la guerra por su cuenta a costa del interés general.

Es un error, es un insulto y es una vergüenza que a los capos de UGT y CC OO les siente mal o muy mal toda acción paliativa o revitalizante que planifique y esté dispuesto a ejecutar Mariano Rajoy. Ya se sabe lo que pasa para estos irresponsables con el Partido Popular: si no hace, porque no hace; si hace, porque en realidad perpetra. ¡Todo es un desastre! ¡Todo adquiere dimensiones dramáticas o directamente trágicas! Y desde luego todo está encaminado a hundirnos todavía más en el pozo al que nos tiraron precisamente de cabeza ellos, cuando en tiempos de los socialistas tenían secuestrada la política económica del Gobierno de España. ¿Qué pasa, que hay ministros que desarrollan estrategias masoquistas?

¡Ya está bien la broma! ¿Qué están dispuestos a hacer ellos por nuestros jóvenes para sacarlos del desempleo masivo, para ayudar a sacudirles la losa que los oprime y les destruye? ¿Van a renunciar a parte de sus ayudas y subvenciones y sinecuras para que el Estado libere dinero que pueda dedicarse a políticas activas de empleo? Para salir de la crisis no sólo hay que acertar gobernando, sino que cada español, en su puesto de responsabilidad, tiene que ayudar a crear un estado de opinión y de ánimo. En esta decisiva tarea los señores Toxo y Méndez son un estorbo. ¿O no nos hemos enterado?

No son unos aguafiestas porque con seis millones de parados España no tiene nada que celebrar.