Los nuevos centuriones

Roma mantenía la seguridad de su imperio sobre la base de las fuerzas que controlaban sus fronteras. El limes constituía la garantía de presente y de futuro y en ese cometido desempeñaban un papel fundamental los centuriones, curtidos funcionarios que se jugaban la vida para que los ciudadanos pudieran dormir tranquilos. España tiene también su limes y se encuentra, dada la desaparición de fronteras en la UE, en Ceuta y Melilla. Guardias civiles, policías nacionales, funcionarios de aduanas, marinos, soldados garantizan que nuestras fronteras no se vean anegadas como, dicho sea de paso, sucede cada dos por tres. En cualquier nación normal y decente, lo único que esperaría a gente que arriesga así su existencia es el reconocimiento en todo el amplio sentido del término. La Agencia tributaria piensa, desde luego, de otra manera. Desde hace tiempo –demasiado tiempo– está abriendo inspecciones a los agentes que sirven en Ceuta para privarles de la bonificación fiscal que les corresponde por servir a todos los españoles en ese enclave hispano. Alegando que no está demostrado que residan en Ceuta –por lo visto, trabajan en Ceuta y pernoctan en Logroño según el docto entender de la Agencia Tributaria– esas inspecciones han lanzado sobre guardias civiles y otros agentes al servicio del estado sanciones que ascienden a varias decenas de miles de euros por persona. He leído algunos de los expedientes y creo que pocas veces en mi vida he sentido una vergüenza ajena tan profunda y un asco tan hondo. Como si la única meta que los impulsara fuera la de sacar dinero aunque sea pisoteando derechos fundamentales o la de cobrar las recompensas por aumentar la recaudación, han convertido en mártires a no pocos agentes del orden obligados a pleitear por años para que, al fin y a la postre, algún tribunal superior les, siquiera parcialmente, la razón. Me cuentan algunas de las víctimas que ya han interpuesto acciones legales por prevaricación contra funcionarios de Hacienda. Más que justo sería, pero mientras tanto, quienes están malpagados por servir a los ciudadanos han visto como se servían de ellos para cuadrar cuentas; quienes guardan nuestro sueño se han visto privados de él ante la amenaza de ruina económica; quienes nos defienden se han visto indefensos. Yo comprendo que es muy caro seguir financiando el secesionismo catalán. Pero ¿hay que hacerlo apuñalando por la espalda a los nuevos centuriones?