Los sindicatos quieren un nuevo «Prestige»

El consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha estado sólo desafortunado en sus declaraciones desde el momento en que se supo que estábamos ante el primer caso de contagio de ébola fuera de África, sino que se ha ganado el cese y no sólo el tirón de orejas por parte del presidente autonómico, Ignacio González. El susodicho se ha mostrado como un auténtico bocazas con una sensibilidad cercana a la de un percebe lo que claramente le inhabilita para el cargo. Posiblemente la acción de los carroñeros que se han lanzado al cuello del gobierno para culpabilizarle de la desgracia ocurrida con Teresa Romero ha influido en una pérdida del control del consejero de cuyo nombre acabo de acordarme a pesar de los esfuerzos que llevo haciendo para olvidarlo. Javier Rodríguez, que así reza el carné de identidad del bocazas, ha sido un perfecto imprudente y en política esas cosas deben pagarse pero, ojo, en estos días en las llamadas redes sociales hemos leído cosas que no rozan la estupidez y la frivolidad sino el mismísimo Código Penal. Empezando por ese personaje llamado Ada Colau hablando de «exterminio calculado» en el caso del Ministerio de Sanidad y de tantos y tantos comentarios, ahora llamados tuits, creando un clima de alarma y de agresividad desmedida contra el gobierno que, en su momento, tendrá que reflexionar sobre los famosos protocolos y asumir aquellas cosas que no se hayan hecho del todo bien por falta de previsión, escasez de medios o preparación insuficiente de los profesionales de la sanidad para enfrentarse a un caso de esta gravedad. De momento la vicepresidenta del gobierno se ha tenido que poner al frente de un gabinete de crisis, o de seguimiento, que centralice las acciones y, sobre todo, sea operativo para trasladar la información a los ciudadanos desde el rigor, la transparencia y también la serenidad que algunos, los de siempre, están dispuestos a alterar para practicar, como ya han hecho en múltiples ocasiones, la agitación social en contra del gobierno de la nación. El presidente Rajoy sabe mucho de esto ya que fue él quien tuvo que dar la cara, en su calidad entonces de número dos del gabinete de José María Aznar, cuando el accidente del Prestige. ¿He dicho accidente? Qué osadía por mi parte. Los accidentes en España no existen cuando gobierna la derecha. Los sindicatos de la sanidad y quienes les manejan desde los despachos en los que se diseña el «agiprop» , ya están movilizándose para acrecentar el clima de descontento general que existe en el país. Hay que reconocer que la izquierda cuando está en el poder tiene la tendencia natural de llevarnos a la ruina pero, eso sí, son mucho más simpáticos y guais que estos siesos de la derecha que de lo único que son capaces es de sacarnos del pozo de la crisis intentando enderezar todos los despropósitos económicos con los que nos obsequió Zapatero y sus mariachis durante dos legislaturas. Estamos a un paso de un nuevo «Nunca Mais», con el que mantener encendida la llama del descontento hasta que lleguen las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo del año próximo, donde la izquierda y los antisistema están como locos por pisar moqueta. Los antisistema que sueñan con entrar en el selecto club de la «casta» que ahora dicen combatir y para ello no dudarán en darle apoyo a los socialistas allá donde necesiten de sus votos para hacerse con alcaldías, diputaciones y comunidades autónomas. En el PSOE saben que es muy posible que tengan que apoyarse en los Podemos y sucedáneos y de un tiempo a esta parte esquivan cualquier cuestión que pueda ofender a Pablo Iglesias y su alegre muchachada. Y es que mientras en Podemos quieren ser el PSOE, en el PSOE hay no pocos que creen que necesitan imitar los mensajes del visionario para evitar una fuga masiva de votos por su izquierda. El caso es que la España que se autodefine como campeona de la solidaridad está dejándose en buena mediada seducir por quienes ahora cuestionan el traslado de los dos cooperantes y quieren echar la culpa del contagio al Gobierno de los recortes y de la privatización encubierta de la Sanidad Publica. La famosa Marea Blanca no tardará en volver a las calles y como ocurrió con el «Prestige», o con la vergonzosa reacción de la izquierda tras los atentados del 11 de marzo del 2004, veremos a los líderes del PSOE detrás de las pancartas acompañando a unos sindicatos que deberían realizar menos manifestaciones y dar más explicaciones sobre las chorizadas que están protagonizando no pocos de sus líderes, algunos ciertamente emblemáticos hasta ahora.