Madrid plurinacional

La Razón
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Años llevo guardando para mí, quizá por pudor y modestia, mi convencimiento de la plurinacionalidad de Madrid. Apoyado ahora por las sabias palabras de la señora Lastra, la experta del PSOE en plurinacionalidades, creo oportuno plantear la realidad madrileña. La provincia de Madrid es plurinacional sin ningún género de dudas. ¿Qué tiene que ver el Madrid norteño y serrano con el Madrid sureño y agrícola? ¿Se gobierna de igual manera El Escorial que Villa del Prado? Madrid es tan plurinacional, que el Monasterio de San Lorenzo del Escorial se ubica en dos municipios o naciones. La nación de San Lorenzo y la nación del Escorial. Villa del Prado es viña y dehesa y Aranjuez es fresa y espárrago. La misma sierra madrileña en su cara sur, divide a tres naciones. La nación del Guadarrama, la nación de Navacerrada y la nación de Somosierra. Los nacionalistas del Guadarrama y los separatistas de Somosierra no se pueden ver ni en pintura. La nación del Guadarrama es la más fuerte de las tres serranas, y prueba de ello es que el recientemente creado Parque Nacional del Guadarrama ocupa territorios pertenecientes a diferentes naciones madrileñas. A la nación de Somosierra, a la nación de Navacerrada, a la nación de Aravaca, a la nación de San Lorenzo, a la nación del Escorial, a la nación de Robledo de Chavela y a la nación de Alpedrete. Alcobendas y San Sebastián de los Reyes son dos naciones vecinas que no se soportan. Pero tanto una como la otra albergan más habitantes que las naciones que conforman la nación de Bolivia, que es el ejemplo incontestable que la señora o señorita Lastra utiliza para culminar sus argumentos plurinacionales. La nación de Navalcarnero recela sobremanera de la nación de El Álamo. Se ha descubierto recientemente que las perdices rojas y bravas de San Martín de Valdeiglesias son más oscuras que las de Aldea del Fresno. Y resulta lógico, por cuanto San Martín de Valdeiglesias y Aldea del Fresno son dos naciones diferentes, y como tales, no pueden tener sus perdices un plumaje idéntico. La señora o señorita Lastra lo ha dejado claro. «España es un Reino y Asturias es un principado, y no se puede gobernar de igual modo un Reino que un principado». Acierta plenamente la experta en plurinacionalidades del PSOE, a la que se ve avispada y certera. Tampoco Madrid capital se libra de los nacionalismos. El barrio de Salamanca, de Chamberí y Chamartín, que unidos componen la nación más poderosa del Madrid urbano, nada tienen en común con Vallecas, que ya ha cambiado la «c» por la «k» y se escribe «Vallekas», que es un detalle a tener en cuenta. Y el idioma. Joé con el idioma. En la nación del barrio de Salamanca, si alguno de sus nacionales se encuentra débil o febril, lo anuncia de esta guisa: «Es que estoy enfermo». En Atocha y Embajadores, otras dos naciones poderosas y con más habitantes que las naciones de Bolivia, la «s» adquiere una singularidad que establece la gran diferencia en la pronunciación. La «s» se convierte en «j», y sus nacionalistas para informar de su debilidad pasajera lo hacen de la siguiente guisa: «Ej que ejtoy pachucho». ¿Hay prueba más irrefutable? En Colmenar Viejo, bellísima nación anteserrana, abundan las ganaderías de bravo, en tanto que de La Cabrera, Lozoyuela, y Buitrago del Lozoya hasta Robregordo, la ganadería es de vacas de carne, mayoritariamente limusinas, que llevan el mismo nombre que los grandes coches que se alquilan en Nueva York, aunque se den confusiones. La amante de un millonario se refería a la generosidad de su mantenedor: «Es adorable, he llegado al aeropuerto Kennedy y me estaba esperando un chófer con la mayor muselina que he visto en mi vida».

Una «muselina» inmensa, como las posibles, o presuntas ignorancia, incultura y abisal innecesariedad de la señora o señorita Lastra, la plurinacional favorita de Sánchez.