Mariló y el toro

La Razón
La RazónLa Razón

Es de coña. No voy a apuntarme a la teoría de que aquí no cabe un tonto más, pero lo de este país es para hacérselo mirar.

Sin duda los periodistas tenemos una enorme responsabilidad, pero cuesta encontrar un lugar tan inasequible al razonamiento y donde el doble rasero se aplique de forma tan metódica y generalizada.

No se si han reparado en la campaña que han montado exigiendo que Mariló Montero sea expulsada de TVE, al calor de la polémica sobre el Toro de la Vega.

Mariló no ha dicho que le guste el aquelarre de Tordesillas. Se ha limitado a no subirse al «4x4» de los «zelotes», que convirtieron el alanceamiento del animal en algo más trascendente que la tragedia de los refugiados sirios y a comentar jocosa que mucho llorar por el astado y ni una lágrima por el enclaustrado cerdo o la torturada gallina.

Pues hay circulando por Change.org cinco peticiones para que la decapiten y en alguna han firmado ya 22.000 forofos, más de los que han rubricado debajo de la solicitud de liberar al opositor venezolano Leopoldo López o de declarar «persona non grata» a la juez que lo sentenció a 14 años de prisión.

Habrá quien diga que las crucifixiones online son el daño colateral que apareja ser famoso o conocido.

Puede que si, pero he buscado algo similar aplicado al podemita Zapata, a la independentista Karmele o cualquiera de los progres de nuestro firmamento televisivo, y no he encontrado nada.

Se le ocurre decir al presidente de RTVE que vota al PP y lo crujen. Sale Xabier Fortes en pantalla, informando del conflicto de los lecheros horas después de haber arengado a los manifestantes y no respira nadie contra el férreo vicesecretario del Consejo de Informativos.

Solté hace año y medio, en el calor de uno de esos trucados debates televisivos sabatinos, que Ada Colau parecía un poco «gordita» para el hambre que según ella se pasa en España y recogieron en una semana casi 300.000 firmas para que me electrocutaran, casi el doble de las que recolectó la web «We the People» de la Casa Blanca, para enviar de vuelta a Canadá a Justin Bieber después de que el cantante atacara a la Policía y tirara huevos contra sus vecinos. Y 300.000 más de las que reunieron para censurar que Pablo Iglesias llamara «subnormal» al socialista Carmona.

Visto el panorama, lo único que se puede hacer es lo que hace la bella Mariló: ponerse a los facinerosos por montera.