Mas se reúne con la CUP para «salvarse como sea»

La Razón
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Cada día más aislado y totalmente «ocupado». Así define un alto cargo de la Generalitat de Cataluña al actual presidente en funciones, cuyos últimos pasos han desatado una guerra abierta en el seno de su gobierno y su partido. Las reuniones discretas, «casi clandestinas», en palabras de algunos dirigentes, que Artur Mas ha mantenido en los últimos días con dirigentes de la CUP han provocado una tormenta de críticas. Máxime cuando se han hecho a espaldas por completo de Convergencia, el propio Govern y, encima, en presencia del comunista Raúl Romeva, cabeza de lista de «Juntos por el Sí», y la número dos de Esquerra Republicana, Marta Rovira. «Esta huida hacia delante le pasará factura», aseguran dirigentes y consejeros convergentes, bastante hartos de ser ninguneados por Mas en su intento de lograr ser investido con los votos de los antisistema: «Como sea y a costa de lo que sea», es su obsesión.

Por toda Barcelona son ya un clamor las profundas divergencias existentes en el partido y la Generalitat. En el sector crítico se sitúan los dos máximos dirigentes de CDC, Josep Rull y Jordi Turull, que se han enterado de estas citas por la Prensa y cuyo malestar es enorme. Y en el Govern cada vez son más los consejeros opuestos a la actitud del presidente. Entre ellos los responsables de Economía, Infraestructuras y Empleo, Andreu Mas-Collel, Santi Vila y Felipe Puig, junto al de Justicia, Germá Gordó. En la última reunión mantenida en el Palau se palpaba la tensión «en el fondo y en la forma», según fuentes del Ejecutivo autonómico. Los graves problemas de financiación de Cataluña, su pérdida de peso en los mercados y la incesante fuga de empresas alarmadas por la secesión fueron puestos sobre la mesa. Pero Artur Mas se mantuvo impasible: o él o nadie. Y hará cuantas cesiones sean necesarias para obtener los votos de la CUP y salir investido.

El objetivo de Mas, tal como adelantó LA RAZÓN, es doblegar a los cuperos bajo el llamado «pacto de la rebelión», cuya primera fase ya ha cristalizado en la constitución del Parlament con la propuesta de una declaración unilateral de independencia y la puesta en marcha de la República catalana, tal como reclamó la nueva presidenta de la Cámara, Carme Forcadell. En su hoja de ruta para convencer a la CUP, figura la desobediencia a las leyes del Estado y una profunda refundación de su partido en el próximo congreso previsto para el mes de marzo, con desaparición incluso de las siglas de CDC. Esto ha desatado las iras en muchos cuadros del partido, dado que no han sido consultados. Por otro lado, Mas quiere imputar a la etapa de Jordi Pujol todos los asuntos turbios que ahora salen, algo difícil de entender. «Era el niño que les llevaba la cartera, tiene mucho que callar y no le perdonarán sus olvidos», advierten veteranos convergentes.

Según fuentes de la CUP, en sus recientes encuentros asistieron Anna Gabriel, Benet Salellas y Luis de Jódar, este último muy proclive a la investidura de Mas «para salvar el proceso». También acudieron Raúl Romeva y Marta Rovira, pero nadie de Convergencia, lo que produce un enorme malestar en el partido. «Ya no se fía ni de nosotros», reconocen miembros de la cúpula convergente, tras denunciar la total entrega de Mas a ERC y la CUP. De momento, un sector potente de la CUP liderado por Antonio Baños y Quim Arrufat sigue reacio a la investidura de Mas. «No salvaremos a estos de sus chanchullos», insiste Antonio Baños. Pero la sombra de un «tamayazo» con algunos tránsfugas planea sobre las negociaciones, dado que a nadie le interesan ahora unas nuevas elecciones. Esta posibilidad es alentada por Mas con la complicidad del diputado Jódar, pues le permitiría salir investido en segunda vuelta con algún voto afirmativo y la abstención del resto de la formación. Si en el pleno de investidura, previsto para el 9 de noviembre, no sale elegido, Mas dispone de dos meses para proseguir la negociación y ganaría tiempo hasta las generales de diciembre.

Los consejeros con peso dentro de La Generalitat, Mas-Collel, Vila, Puig y Gordó, junto a varios dirigentes de CDC, discrepan de la entrega absoluta de Mas a sus socios de ERC y a las exigencias de la CUP, un partido radical y antisistema que se piensa mucho votar a Mas ante los últimos escándalos de la familia Pujol. «Ensuciado el padre no van a votar al hijo», opinan. Este sector piensa que los grandes beneficiarios serán finalmente Esquerra Republicana y Oriol Junqueras, quien estaría esperando su momento para ocupar el sillón de presidente de la Generalitat, su eterna aspiración. Y no se cansan de repetir el pronóstico: «Artur Mas es el tonto útil de ERC». Los republicanos tiene ya decidido concurrir en solitario a las generales del 20-D para, desde sus escaños en el Congreso, «luchar por la desconexión» de España, aseguran sus dirigentes.

En el entorno de Artur Mas reconocen que está aislado, habla con muy poca gente y sólo se rodea de un núcleo duro de fieles entre los que figuran el portavoz Francesc Homs, su auténtico ideólogo, la vicepresidenta en funciones Neus Munté, y la consejera de Educación, Irene Rigau. Su figura es ya claramente cuestionada en sectores de Convergència y algunos de sus todavía consejeros. Uno de ellos no se cortó un pelo en un reciente almuerzo con empresarios: «Esto sólo se soluciona si Mas se va». Así de alto y claro se lo escucharon decir.