Movimiento político

La Razón
La Razón FOTO: La Razón

Ahora se entiende su comprensión y cariño hacia los terroristas de la ETA cuando era la juez de Vigilancia Penitenciaria. Ahora se entiende su permanente llave para abrir las puertas de la libertad a los más aberrantes asesinos y sus cómplices. Lo ha dicho y pronunciado con tanta claridad que no ha dejado margen a la duda. Para la alcaldesa de Madrid, la ETA es un movimiento político.

Hoy me dispongo a escribir a la alcaldesa de Madrid en nombre de una parte de las víctimas de su reconocido movimiento político. En nombre de Jesús Manuel Campos Rodríguez; de José María Piris Carballo; de Alfredo Aguirre Belascoain; de Sonia Cabrerizo Mármol; de Susana Cabrerizo Mármol; de Silvia Vicente Manzanares; de Jorge Vicente Manzanares; de Silvia Pino Fernández; de Miriam Barrera Alcaraz; de Esther Berrera Alcaraz; de Ángel Alcaraz Martos; de Silvia Ballarín Gay; de Luis Delgado Villalonga; de Coro Villamudria Sánchez; de Vanesa Ruiz Lara; de María Cristina Rosa Muñoz; de Francisco Cipriano Díaz Sánchez; de Ana Cristina Porras López; de María Pilar Quesada Araque, y de Fabio Moreno Asia. Una mínima, pero devastadora relación de las víctimas de la ETA. Eran niños. El movimiento político que no considera banda terrorista Manuela Carmena los asesinó. No les permitió crecer. Es el mismo movimiento político de los titiriteros, de Pablo Iglesias, de Podemos y de Nicolás Maduro. Y la ETA también asesinó a tres seres humanos a los que prohibió ver la luz. Se fueron sin nombre cuando mataron a sus madres, María Contreras Gabarra, estudiante, y a María Dolores Ledo, mujer del Policía Nacional también asesinado Pedro Barquero González. Y escribo también en memoria de otro niño condenado a no nacer y que dejó sobre este mundo, malherida, a su madre, Gracia Gómez González. Entiendo que el párrafo que ahora finaliza es tan extenso como duro de leer. Se trata de los niños asesinados por el movimiento político que, como tal, forma parte de la normalidad según la alcaldesa de Madrid. Porque un movimiento político merece ser tratado con el respeto y la cortesía que les han brindado desde Podemos, la alcaldía de Madrid, la alcaldía de Barcelona y el Gobierno de Venezuela que ha acogido en su país a más de doscientos miembros del movimiento político que asesinó a estos niños.

Es de esperar que Pedro Sánchez no coincida con tan inhumano planteamiento, aunque busque su sueño presidencial con los amigos de la ETA, de Batasuna, de Bildu y de Sortu.

La alcaldesa de Madrid es comunista, pero no analfabeta. Cursó los estudios de Derecho, sufrió en la cercanía el perverso y atroz crimen de sus compañeros del despacho laborista de Atocha, ingresó en la Judicatura y alcanzó la jefatura del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, donde dejó entrever un escondido afecto por algunos condenados por crímenes terroristas que disfrutaron, gracias a ella, de una libertad adelantada. La sociedad, obediente, democrática y siempre respetuosa con las sentencias judiciales aceptó con resignación sus decisiones.

Pero ya no es la juez de Vigilancia Penitenciaria, sino la alcaldesa de Madrid, donde viven y aún lloran los padres de una buena parte de los niños asesinados por la ETA. Y Madrid es la Capital de España, en cuyo territorio viven y aún lloran el resto de los padres y familiares de los niños masacrados. Y no resulta aceptable, ni tolerable, ni admisible que la alcaldesa de Madrid se refiera a la banda asesina como un mero movimiento político. Asusta pensar en manos de quiénes estamos y de quiénes podemos –no es ironía–, llegar a estar.

En nombre de todos ellos, de esos niños, y del resto de los casi mil inocentes asesinados por la ETA, le exijo a Manuela Carmena su inmediata rectificación y solicitud de un perdón que no merece.